Madrid, colega, es un fiestón de ciudad que no duerme, con ese duende y ese ambientazo que te engancha desde el primer momento. Desde los museos top que te dejan flipando, hasta los parques como el Retiro que te invitan a un buen relax y las terrazas donde se cuece la vida. Su gente es puro salero y chulería, con esa chispa y esa alegría que contagian, siempre con una caña en una mano y una tapa en la otra. Aquí el tapeo es sagrado, la noche es eterna y el arte, ¡uff!, se respira en cada rincón. ¡Madrid es una ciudad que te atrapa con su energía, su gente auténtica y ese flow que te hace querer más!
Montar un pollo
Expresión muy castiza para decir que alguien arma un escándalo de campeonato, normalmente en público y por algo que igual ni es para tanto. Es cuando te pones a gritar, a quejarte y a hacer el numerito delante de todo el mundo. Vamos, que montas un circo entero y encima te faltan leones, pero tú tan pancho.
¡Qué morro tienes!
Se usa para decirle a alguien que es un caradura total, que no tiene vergüenza y se aprovecha de la situación sin cortarse un pelo. Es como señalar que la persona va sobrada de jeta y encima tan tranquila. No es un insulto brutal, pero sí un toque de atención con bastante mala leche y bastante guasa.
Galapagar
Se usa en coña para hablar de un sitio donde hace un frío que te cala los huesos, de ese que te deja tieso y sin ganas de asomar la nariz a la calle. Viene por el pueblo de la sierra de Madrid, que en invierno se queda fresquito de verdad, y oye, la imagen se queda.
Flipar en colores
Se usa cuando algo te sorprende tanto que no solo flipas, sino que te explota la cabeza en tecnicolor. Es como quedarse loquísimo, sin entender nada, con cara de cuadro. Muy típica en Madrid, aunque se entiende en casi toda España. Y hay que admitir que la expresión tiene un arte que no veas.
Tener treinta tacos
Se usa para decir que alguien tiene treinta años, pero con ese punto de drama castizo de que ya no eres un chaval. Suena a crisis existencial ligera, resacas que duran dos días, rodillas que crujen y nostalgia por los veintitantos. Es una forma cariñosa y un poco irónica de asumir que la treintena ya te ha cazado.
Estar como una regadera
Se usa para decir que alguien está bastante loco, que hace cosas raras o que se le va la pinza a otro nivel. No es médico ni nada, es más bien cachondeo, como cuando tu colega se comporta de forma tan absurda que piensas que vive en su propio planeta. Y hay que admitir que la expresión tiene su puntito creativo.
Venirse arriba
Expresión usada cuando alguien se emociona o entusiasma de más, a veces sin venir a cuento, mostrando un exceso de confianza o energía.
Flipar en colores
Se usa cuando algo te deja tan loco que no te lo crees ni aunque te lo juren. Es como quedarse alucinado, pero con fuegos artificiales en la cabeza. Suele decirse cuando pasa algo muy inesperado, surrealista o exagerado. Vamos, que no es una sorpresa normalita, es de las que te dejan con la boca abierta y cara de meme.
Princeso
Se dice del chaval que va de “princesa” pero en versión macho, con drama, exigencias y pose de telenovela. Todo le ofende, todo le parece un mundo y necesita atención constante, como si el universo le debiera un final feliz. Se usa para vacilarle cuando se pone intenso o delicadito. Y sí, suele ser bastante cansino.
Dar el toque
En Madrid se usa para decir que alguien avisa, llama la atención o manda un mensajito para tantear el terreno, ya sea en el curro o ligando por Malasaña. Es como soltar un aviso elegante sin montar el drama. A veces es un WhatsApp, a veces una charla seria, pero siempre es para marcar límites o interés.
Echar un ojo
Se usa para decir que estás vigilando algo sin estar pegado a ello, como controlando de reojo mientras haces tu vida. Puede ser cuidar la olla, la tienda, a los peques en el parque o el coche mal aparcado. Es muy de decir que controlas, pero sin agobios. Y oye, tiene su punto de multitarea castiza.
Estar en la chimenea
Frase usada para describir momentos en los que uno está más perdido que un marinero en medio del desierto, especialmente con temas técnicos o burocráticos.
Chico mango
En Madrid, se dice de un chico que siempre está al tanto de la última moda y tendencia; con el estilazo de un influencer que devora tendencias más que pulpas de mangos.
pasta
En Madrid, pasta es dinero, así de simple. Se usa para decir que vas justo, que te falta para llegar a fin de mes o que alguien va forrado. No tiene nada que ver con macarrones, aunque a veces también te quedas sin pasta y sin cena. Muy de calle y cero formal.
Ser un armao
Se le dice a alguien que va de chulo o de importante, presumiendo más de la cuenta. Se cree que lleva armadura y que impone, pero en realidad es pura pose y mucho teatro. Vamos, que es más fachada que otra cosa. Se usa mucho para pincharle el globo a quien se viene arriba.
Dar el gatazo
Se dice cuando aparentas que lo tienes todo controladísimo para quedar bien, aunque por dentro estés en modo pánico y tirando de improvisación. Es como hacerte el seguro, el profesional o el listo, mientras cruzas los dedos para que nadie te pida detalles. Muy de salir del paso con cara dura, y oye, a veces funciona.
Estar al loro
Se dice cuando estás atento, espabilado y pendiente de lo que pasa, ya sea una noticia, un plan o el salseo del grupo. Es como tener las orejas bien abiertas para no perderte nada. Muy de calle y muy útil para avisar a alguien de que se ponga las pilas y no se despiste.
Sabelotodo
Se le dice a la persona que va de lista y actúa como si se las supiera todas. Suele corregir, dar lecciones y soltar datos aunque nadie se los haya pedido. El clásico que empieza con “no soy sabelotodo, pero…” y te monta una charla eterna. Da un poco de pereza, pero a veces hasta acierta.
Dar pescaíto
Se usa cuando alguien está tirando indirectas cariñosas, tonteando o lanzando comentarios con segundas a otra persona. Es como ir tanteando el terreno sin decir las cosas claras, pero con buen rollo y un punto juguetón. Suele aparecer en contextos de ligoteo, aunque también vale para bromear y vacilar un poco.
Estar cuadriculado
Se dice de alguien que es súper rígido, mentalidad de manual y cero improvisación. Va con las normas al dedillo, se agobia si algo se sale del plan y le cuesta relajarse o pillar el rollo. Vamos, que donde otros fluyen, él necesita instrucciones y un Excel. Útil para describir al típico serio de la pandilla.
Darle la chapa
Se dice cuando alguien se pone a soltarte un discurso larguísimo y pesado, normalmente de algo que te da bastante igual, y tú te quedas ahí por educación aguantando el chaparrón. Vamos, que te comen la oreja con un monólogo infinito y sin pausa. Muy de Madrid y muy de supervivencia social.
Vivito y coleando
Se dice cuando alguien sigue vivo y dando guerra, a veces contra todo pronóstico. Vale para volver de una situación chunga, de una resaca o de un curro eterno y aparecer tan campante, como si nada. También se usa con tono de broma para decir: aquí sigo, no me han tumbado. Y sí, tiene su puntito vacilón.
Torrija mental
Expresión muy castiza para decir que alguien está en su mundo, con la cabeza a por uvas y cero conexión con la realidad. Es como estar empanado, ido o con la mente hecha puré, que te hablan y ni te enteras. Se usa mucho para colegas que van lentos procesando o están soñando despiertos. Y oye, a veces sienta bien desconectar.
Ir hecho un pincel
Se dice cuando alguien va impecable, bien peinado y bien vestido, como recién salido de la peluquería y con la ropa planchada a conciencia. Vamos, que va tan arreglado que parece que lo han pintado con mimo. Se usa mucho en plan de piropo o con un puntito de cachondeo si el look es demasiado formal.
Estar cremita
Se dice cuando algo está increíble, de lujo, finísimo, como para aplaudir con las orejas. También vale para alguien que va sobrado, que lo hace de diez o que está especialmente inspirado. Es jerga bastante de Madrid y suena a piropo moderno, de esos que te suben el ego en dos segundos.
Liada parda
Expresión muy madrileña para cuando algo se desmadra a lo grande y todo se va de las manos de forma épica. No es solo un pequeño lío, es el caos máximo, de esos que luego se cuentan entre colegas partiéndose de risa. Suele usarse tanto para fiestas como para movidas del curro o dramas cotidianos que se han ido a la mierda.
Estar de lujo
Se dice cuando algo está genial, de primera, como para presumirlo. Puede ser un plan, una comida, un concierto o hasta cómo te queda la chaqueta nueva. Es una forma muy madrileña de soltar que todo ha salido redondo y que estás encantado. Vamos, que si no lo repites, es porque no te cabe más felicidad.
Echar una mano a la persiana
Se dice cuando te vas a pegar una siesta o a tumbarte un rato para desconectar. La idea es la de “bajar la persiana” mentalmente: apagar el mundo, cerrar el chiringuito y desaparecer un rato del mapa. Muy de sobremesa madrileña, sobre todo después de un buen plato que te deja KO.
Pintar la mona
Se usa cuando alguien está ahí de adorno, sin hacer nada útil mientras los demás curran. Es como perder el tiempo tontamente, mareando la perdiz y dejando que el resto se coma el marrón. Vamos, que estás presente pero aportando menos que un cenicero en una moto, aunque a veces tenga su gracia verlo.
Montar un pollo
Se dice cuando alguien arma un escándalo de los buenos, se pone a gritar, discutir o a liarla por cualquier cosa. Vamos, que convierte una tontería en un drama con público. No tiene nada que ver con gallinas, pero sí con mucho ruido y cero paciencia. Muy de bar, de cola y de día torcido.
Irse de billar
Se dice cuando quieres pirarte de un plan que es un tostón para irte a algo más divertido, normalmente con colegas. La gracia es que lo disfrazas como si fueras a echar una partida al billar, pero en realidad es la excusa perfecta para desaparecer y acabar de cañas, de risas o donde pinte. Muy de escaqueo fino.
Picar piedra
Se dice cuando te estás dejando la piel en algo y no ves resultados, como currar a lo bestia para nada. En Madrid también se usa en plan ligoteo: te pasas la noche dando vueltas por el garito, tirando fichas y comiéndote cero. Vamos, que estás ahí pico y pala y la cosa no arranca. Duele, pero pasa.
Montar un caso
Se dice cuando alguien te arma un drama o una bronca por una tontería, montando una escena como si fuera el fin del mundo. Es el típico numerito con reproches, volumen y cero paciencia. Vamos, hacer una montaña de un grano de arena, pero en versión madrileña, con prisas y mucho morro.
Sacar la oreja
Se dice cuando te pones a escuchar una conversación ajena con disimulo, estirando la oreja para enterarte de todo sin preguntar. Vamos, cotilleo en modo ninja: te haces el loco, miras el móvil y, de paso, pillas el salseo completo. En Madrid se usa mucho para señalar al típico mirón de barra.
Trepa
Se usa para llamar a alguien que solo piensa en subir en el curro, aunque tenga que pisar a todo el mundo sin remordimientos. Es el típico personaje que sonríe a los jefes y apuñala por la espalda al resto. Vamos, una mezcla de comadreja con corbata y ambición desatada, que da bastante grimita.
Echar un cable
Frase utilizada para pedir o dar ayuda. De repente eres electricista profesional por un momento.
A toda leche
Se dice cuando alguien va rapidísimo o hace algo con mucha prisa, casi sin mirar atrás. Vale para correr, conducir o salir pitando a cualquier plan. Es bastante coloquial y suena un pelín bruto, pero justo por eso tiene gracia. Vamos, que vas como si te persiguiera el metro en hora punta.
Quedarse pato
Se dice cuando alguien se queda flipando, en shock o con la cara a cuadros por algo inesperado. Vamos, que te quedas quieto, con la boca medio abierta y sin saber qué contestar, como si el cerebro se te hubiera quedado cargando. En Madrid se suelta mucho para reírse del susto o del corte.
Andar picando piedra
Se dice cuando alguien está dale que te pego con algo que cuesta un mundo, como un curro pesado o un objetivo que no sale ni a la de tres. Es insistir y currárselo a base de esfuerzo, a veces con poca recompensa. También vale para ligar cuando te lo ponen imposible y tú sigues ahí, cabezón.
Achuchar
En Madrid, 'achuchar' ha tomado un giro millennial para referirse a maratonear series o pelis tumbado en el sofá, rodeado de snacks y envuelto en una manta como un burrito humano. Seguro que acabas queriendo achuchar, literal y tangiblemente, tus talones después de tantas horas.
Hacer el truqui
Expresión muy castiza de Madrid para hablar de salir de fiesta de manera improvisada, con poco presupuesto y muchas ganas de liarla. Es ese plan que igual es un poco cutre, pero entre birras baratas, colegas y risas termina siendo legendario. Básicamente es montarse una juerga con truco cuando no hay plan serio.
Novato del Retiro
Se le suelta a alguien que va por Madrid con cara de turista recién aterrizado, flipando con cosas de lo más normales. Vamos, que se sorprende por cualquier chorrada urbana como si nunca hubiera pisado una ciudad. Tiene un puntito de vacile, pero sin mala leche, y queda muy castizo si lo dices con gracia.
Ser un chorizo
No, no va de embutidos. En Madrid, llamar a alguien chorizo es decirle ladrón, mangante o caradura que se queda con lo ajeno, desde una cartera hasta colarse en la fila como si nada. Es bastante despectivo y se suelta con mala leche cuando te han tangado. Y sí, tiene su puntito castizo.
Tocho
Se dice de algo grande, gordo o aparatoso, sobre todo un libro o un montón de apuntes que pesa como un muerto. También vale para un texto larguísimo o un rollo que se hace eterno. En Madrid lo sueltas cuando alguien aparece con un ladrillo bajo el brazo. Y sí, tu espalda lo nota.
Estar mosca
Se dice cuando alguien está alerta, sospecha que pasa algo raro o se huele una movida aunque nadie le haya dicho nada. Vamos, que no está tranquilo y tiene la ceja levantada, como si algo no cuadrara. En Madrid se suelta mucho cuando notas que te la quieren colar o que hay tema.
Estar como una puerta
Se refiere a alguien que está totalmente abierto a nuevas experiencias, aceptando cualquier idea loca o plan descabellado sin pensarlo dos veces.
Tribu urbanita
Se usa para hablar de ese grupo de colegas muy de ciudad que vive de plan en plan moderno, siempre buscando el bar más hipster, la expo más rara o el mercadillo más alternativo. Van en manada, se saben todos los sitios de moda y si no lo suben a redes parece que no ha pasado. Y oye, algo de envidia dan.
Coge valor y echa un pie
Se usa como mantra para tomar confianza antes de ligar, en especial cuando el atractivo radica más en el sarcasmo que en el físico.
Estar encajao como un muñeco de cera
Se usa para decir que alguien se queda totalmente quieto, cortado y sin reacción, como si lo hubieran plantado ahí y ya. Puede ser por vergüenza, por susto o porque no sabe qué hacer con su vida en ese momento. Vamos, que está tan parado que parece figurita del Museo de Cera, pero de las chungas.
Chalao
En Madrid se dice de alguien que está un poco loco, ido o que hace cosas raras sin mucha explicación. No siempre es un insulto, muchas veces va con cariño, como para señalar que alguien es un personaje. También vale para ideas disparatadas o planes imposibles. Vamos, que le falta un hervor y encima orgulloso.