Se dice cuando te vas a pegar una siesta o a tumbarte un rato para desconectar. La idea es la de “bajar la persiana” mentalmente: apagar el mundo, cerrar el chiringuito y desaparecer un rato del mapa. Muy de sobremesa madrileña, sobre todo después de un buen plato que te deja KO.
"He salido del curro, me he zampado un menú del día y ahora voy a echar una mano a la persiana, que tengo la cabeza como un bombo."