Duendes de la Amistad
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Acerca de nosotros

Aparecemos cuando una persona sin nombre se cruza con otra y notamos que tenían que encontrarse. Soltamos un empujoncito, hacemos una mirada que se sostenga, dejamos un silencio cómodo. Tu Duende de la Amistad no junta gente, junta tribu. Esa que aparece sin pedir cita y se queda sin tener que decirlo.

Hay 2 esperando un hogar

Cada Duende es único. Carmen los modela uno a uno en su taller de Taramundi.

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Quiénes somos los Duendes de la Amistad

Ese instante en el que conoces a alguien y piensas "esta persona me cae genial antes de saber por qué" rara vez es casualidad. Casi siempre hay un duendecillo invisible, de los nuestros, moviendo hilitos entre bambalinas. Vivimos para esos encuentros chulapones, para esas conexiones que parecen escritas y solo necesitan un empujoncito tonto para terminar de aterrizar.

Tenemos un radar afinadísimo para detectar gente que va a encajar. Vemos a dos personas que podrían quererse mucho y pensamos "estos dos tienen que cruzarse YA". Y nos ponemos manos a la obra: empujamos coincidencias, sembramos oportunidades, alargamos esa conversación de ascensor hasta convertirla en el comienzo de una amistad de las de toda la vida.

Brillamos más cuando alguien lo está pasando regular en lo social. ¿El chaval nuevo en el cole que no conoce a nadie? Estamos allí. ¿La persona que se acaba de mudar de ciudad y se siente foránea en su propio barrio? También. ¿El adulto que cree que a cierta edad ya no se hacen amigos verdaderos? Le susurramos al oído "desafío aceptado" y nos arremangamos.

No hacemos magia tipo "ahora todo el mundo te adora". Eso sería trampa cósmica y, además, aburre soberanamente. Lo que hacemos es ir colocando a la gente correcta en tu camino, en el momento correcto, y crear esas situaciones donde la amistad puede germinar si tú riegas tu parte. Las amistades de verdad se cultivan despacio, no salen de una máquina expendedora.

Cuando vivimos cerca de alguien, esa persona empieza a notar que conectar se vuelve más sencillo. Las conversaciones fluyen, las "casualidades" se multiplican, y poco a poco aparece esa sensación tan bonita: "he encontrado a mi tribu". Porque todo el mundo merece una bandita de gente que le entienda y le quiera tal cual es, sin pedir reformas.

Dónde colocarnos en casa

Ponnos donde la gente se junta: el salón, la cocina, esa mesita donde os sentáis a charlar sin prisa. Somos perfectos para criaturas tímidas, para quien acaba de aterrizar en una ciudad nueva, para adultos que quieren ampliar círculo, o sencillamente como recordatorio cariñoso de que nunca es tarde para hacer amigos nuevos. Si tienes dudas sobre dónde nos sentimos mejor en cada hogar, en la guía para cuidar a tu duende contamos los rincones favoritos. La amistad de verdad es uno de los grandes tesoros de una vida, y nosotros lo sabemos antes que nadie.

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