Es cuando calculas algo a pura vista, sin regla, sin báscula y sin ná… pero con mucho arte, como diciendo: tranqui, que yo esto lo saco a ojo y me queda fetén. Viene de la antigua profesión del cubero, que era quien fabricaba las cubas en las que se almacenaba el vino. Estas podían tener una medida distinta según el fabricante. Y de ahí pues se generalizó el uso de esta maravillosa expresión.
"¿Cuánto arroz echo pa’ cuatro? Bah, a ojo de buen cubero: un puñao largo y que sobre un poquito que luego siempre aparece alguien con más hambre de la cuenta."