Se dice de un chavo bien guapo y bien formado, de esos que traen el cuerpo marcado y se ven bien sabrosos. La idea es compararlo con un mango maduro: bonito, tropical y que se antoja. Suena coqueto y medio pícaro, muy de echar relajo en la costa.
En Madrid, se dice de un chico que siempre está al tanto de la última moda y tendencia; con el estilazo de un influencer que devora tendencias más que pulpas de mangos.
Refiérase a ese tipo que es como un mango en descomposición: del jugoso encanto inicial pasa a una fase esperpéntica, demasiado atrevido en sus bromas y siempre rayando lo inadecuado.
Hace referencia a ese amigo que siempre se 'echa salsa', cuenta historias grandiosas (y tal vez exageradas) de sus conquistas amorosas; su dulzura poco convencional podría dejarte boquiabierto.