En el taller decimos que este duende nació de una carcajada y un chorrito de rojo brillante. Va siempre sonriente, con esos botones enormes en los tirantes que suenan clac-clac cuando se cuela entre la hierba mojada. Mide 42 cm desde la punta del gorro. Es pura energía y tiene el pelo rojo como fruta madura, de esa que te mancha los dedos y te alegra el día.
Su vicio es repartir suerte sin que nadie se entere. No le vale la suerte aburrida: le mola la que aparece en lo cotidiano, como cuando el café huele mejor de golpe o cuando una nube tiene forma de gato y te da por respirar más lento.
- Esconde ramitas de frutos rojos del bosque en bolsillos ajenos
- Empuja llaves perdidas hacia sitios imposibles, solo por el jiji-jaja
- Hace que las monedas se giren y brillen justo cuando miras al suelo
Cuando nadie le ve, se queda descalzo tocando musgo y practicando sonrisas nuevas frente a charcos. Dice que la alegría viene y se va como los gatos, pero él se encarga de que siempre vuelva.
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Cuando el bosque amanece con niebla, este duende ya va dando brincos, con sus tirantes de botones gigantes tintineando. Tiene el pelo blanco y una sonrisa que desarma hasta a las urracas cotillas. Lleva ramitas con frutos rojos pa repartir suerte a escondidas: te cae una moneda, encuentras una llave perdida o el semáforo te guiña. Siempre.
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