Nosotros estábamos tan tranquilos oliendo tierra mojada (esa colonia oficial del bosque) cuando nos llegó un rumor desde Madrid: en La Zarzuela han montado un mejunje cultural de los que te dejan la cabeza como taza desportillada… pero de las buenas, de las que hacen el té más auténtico.

El invento se llama ‘La edad de plata’ y no, no es una crema antiarrugas: es un espectáculo que junta a Falla y Granados con una energía que parece una banda de erizos punks montando un concierto en un claro del bosque. Estará en el teatro madrileño del 24 de enero al 1 de febrero. Apuntadlo en una hoja seca, que las agendas de móvil nos dan yuyu.

La directora del teatro, Isamay Benavente, viene a decir algo muy sensato: aquí no se trata de poner una obra detrás de otra como quien apila troncos húmedos. El director de escena, Paco López, ha creado un espectáculo alrededor de dos piezas muy distintas: ‘Goyescas’ (Granados) y ‘El retablo de Maese Pedro’ (Falla). Y encima les echa especias musicales extra: la ‘Marcha de los vencidos’ y la ‘Danza de los ojos verdes’ (Granados), y ‘Psyché’ (Falla). Como cuando nosotros hacemos bocata redondo con pepperoni cuadrado: nadie lo pidió, pero luego lo agradecen.

Una España soñada, con Goya y Cervantes de compis

López explica que estas dos obras no van de “la realidad” del momento, sino del arte y de dos gigantes: Goya y Cervantes. Y eso, en tiempos revueltos, es como ver una grieta en la acera con una hierba saliendo: la vida diciendo “hola, aquí sigo”. El director recuerda que veníamos de golpes históricos (1898, el Rif, la Semana Trágica…), y que estos compositores apostaron por una España imaginada desde la cultura.

Además, las biografías de ambos tienen su parte seria: Granados murió durante la Primera Guerra Mundial al ser alcanzado el barco en el que viajaba por un proyectil de un submarino alemán. Y Falla, muy sensible a lo que se vivía, acabó marchándose y murió en el exilio en 1946. De hecho, se recuerda que en 2026 se conmemoran 150 años de su nacimiento y 70 de su fallecimiento.

La puesta en escena se sitúa en París, que por entonces era como el metro de las ciudades pero en versión arte: un ecosistema entero de estilos y corrientes. El nexo de unión es la casa que tenía allí el pintor Ignacio Zuloaga. Y López remata con una frase que en el bosque entendemos a la primera: “Solo la cultura nos salva —o nos redime— de la barbarie”. Nosotros lo traducimos como: sin cultura, el alma se queda como musgo seco.

Marionetas, orquesta y baile: el combo completo

El director musical, Álvaro Albiach, recuerda que ‘El retablo de Maese Pedro’ es una pieza muy particular: nació como encargo para un teatro de marionetas, con orquesta pequeña y tres cantantes, y con investigación de músicas antiguas (siglos XVI y XVII) mezclada con la maestría de Falla y hasta guiños al impresionismo francés.

Y ‘Goyescas’ también tiene su magia raruna: se interpreta en una versión de Albert Guinovart porque la instrumentación original pide una orquesta enorme. Además, viene de una suite para piano, así que a veces las melodías se comportan como si fueran dedos de pianista disfrazados de voz. Albiach dice incluso que parece casi dos óperas en una: empieza más pegada al folclore y luego se pone densa y exigente, con un lenguaje que puede recordar a Richard Strauss.

Y ojo, que aquí la danza tiene peso de verdad, en homenaje a quienes difundieron la música española por el mundo (como Antonia Mercé ‘La Argentina’ o ‘La Argentinita’). Total: una fiesta seria, artística y necesaria. Como una siesta bien hecha: no arregla el universo, pero te devuelve al mundo con mejores ideas y menos barbarie.