Hay premios que suenan a trompeta imperial y otros que suenan a página pasada con dedo húmedo (no lo hagáis, humanos, que da grimilla). Pues el premio Alfaguara de novela 2026 ha caído en manos del escritor mexicano David Toscana, y a nosotros nos ha llegado la noticia como cuando una urraca cotilla se posa en una rama y te suelta: “eh, que aquí hay brillo, pero del que ilumina la cabeza”.
La novela ganadora se llama El ejército ciego y aterriza en librerías el próximo marzo. Toscana, que tiene 64 años, nació en Monterrey y desde hace unos años tiene base en Madrid, donde el Palacio de Cibeles brilla tanto que casi dan ganas de ponerse gafas de sol… o de ser urraca, directamente.
El fallo del jurado la describe como “una gran épica de los vencidos”. Y ojo, que aquí no hablamos de épica en plan “músculo y banderola al viento”, sino de esa épica de barro, resistencia y humanidad: la que se te queda pegada a las botas cuando cruzas un bosque mojado.
Una guerra del siglo XI que nos mira a la cara
La historia parte de un hecho durísimo del siglo XI: el emperador bizantino Basilio II ordenó cegar a 15.000 soldados búlgaros. Con ese golpe histórico, Toscana construye una fábula oscura y poderosa, con humor negro y un tono oral (de los que te hablan al oído como un gato callejero filósofo, pero sin pedirte croquetas).
Según el acta, el autor se aleja del “relato histórico convencional” para ofrecer una lectura simbólica, casi mítica sobre guerra, poder y resistencia. Toscana lo explicó con una idea que nos gusta mucho: en literatura se crea un espacio fuera del tiempo, y por eso un suceso de hace más de mil años también acaba hablando de ahora, aunque vayamos con móviles y prisas como mosquitos enamorados de farolas.
Un detalle delicioso (delicioso en plan “libro viejo que huele a vainilla y a gente muerta inteligente”): en la gestación de la novela ha sido clave un códice conservado en la Biblioteca Nacional, el Skylitizens Matritensis, restaurado y expuesto en 2024. Toscana contó que de ahí sale incluso el arranque del libro, tomado de un texto bizantino en el que trabajaron siete ilustradores.
El jurado de esta XXIX edición estuvo presidido por Jorge Volpi y lo completaron Brenda Navarro, Agustina Bazterrica, Camila Enrich y Óscar López. La gala se celebró en la galería de cristal del Palacio de Cibeles, con una buena tropa del mundillo literario rondando por allí, reivindicando (con razón) que los libros entrenan la empatía en una época que va a velocidad de semáforo conspirando.
El premio está dotado con 175.000 dólares, una escultura de Martín Chirino y publicación en todo el ámbito hispanohablante. Este año llegaron 1.140 manuscritos (casi la mitad desde España). Vamos: un bosque de historias. Y en medio, la de Toscana, que se ha llevado la bellota dorada.