En Yucatán se usa achuchar para hablar de un abrazo bien apretado, de esos que casi te dejan sin aire pero te llenan el corazón. Es como apapachar con esteroides, puro cariño intenso y cero distancia personal. Suena dramático, pero la neta se siente chido cuando te achuchan así.

"Llegué todo derrotado del trabajo y mi mamá me achuchó tan sabroso que se me olvidó el tráfico, el jefe tóxico y hasta que no había cobrado la quincena."

En Aragón, achuchar no es solo dar un apretón cariñoso o estrujar un poco, también es meter prisa o apretar a alguien para que espabile y se esfuerce más. Vamos, el típico empujón de abuela cuando te ve a medio gas y te suelta un: venga, que no llegamos ni a la esquina.

"Venga, maño, achucha un poco que llegamos tarde y el DJ ya está poniendo temazos."

En Chile, 'achuchar' se usa para describir el estado de estar apretujado en el metro, especialmente durante la hora peak, cuando sientes que te han convertido en parte del equipaje humano con fragancia a axilas ajenas.

"Parecía estar practicando yoga anti-estrés mientras quedaba achuchado en el vagón abarrotado camino al trabajo."

En Madrid, 'achuchar' ha tomado un giro millennial para referirse a maratonear series o pelis tumbado en el sofá, rodeado de snacks y envuelto en una manta como un burrito humano. Seguro que acabas queriendo achuchar, literal y tangiblemente, tus talones después de tantas horas.

"Este finde tocó achuchar seriamente con las cinco temporadas de la serie del momento. Ahora mi perrito piensa que nos hemos fusionado con el sofá."

En España, achuchar es apretar a alguien con cariño, darle un abrazo fuerte de esos que casi te dejan sin aire pero te arreglan el día. También puede usarse como meter prisa o agobiar un poco, según el contexto. Es una palabra muy de casa, muy de abuela que te ve flaco y te achucha sin preguntar.

"Mi abuela me vio entrar por la puerta después de meses sin pasar por el pueblo y me pegó un achuchón tan fuerte que casi me reinicia el sistema operativo del cuerpo"

En Yucatán, achuchar es apurar, empujar o picar a alguien para que se anime y haga algo ya, como meterle presión con cariño o con tantita carrilla. También vale para “échale ganas” en modo insistente. No es insulto, pero si te achuchan mucho, te sacan de quicio rápido.

"El compa no quería tirarse al cenote y ya todos sudando, así que lo achucharon: ándale pues, no seas miedoso, de una. Y zas, se aventó y salió gritando que estaba helada."

En Andalucía, 'achuchar' se usa de manera coloquial para describir ese impulso inevitable por comprarse cosas innecesarias cuando hay rebajas. Netamente andaluz, ¡el arte de achuchar tarjetas!

"Entro en la tienda y no puedo evitarlo: me vienen ganas de achuchar las tarjetas de crédito cuando veo el 50% de descuento. ¡Socorro, que este mes no como jamón!"

En La Rioja, 'achuchar' también se emplea para describir la acción de achisparse después de tomar unas copas de más en una bodega. Va ligado al acto poético de mezclar vinos con abrazos efusivos y comentarios extasiados sobre la calidad del caldo.

"Después de tanta cata, me estoy empezando a achuchar; quiero abrazar hasta al tonel por lo bueno que está el tempranillo."

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