Se usa para decir que alguien tiene treinta años, pero con ese punto de drama castizo de que ya no eres un chaval. Suena a crisis existencial ligera, resacas que duran dos días, rodillas que crujen y nostalgia por los veintitantos. Es una forma cariñosa y un poco irónica de asumir que la treintena ya te ha cazado.
Edad donde 'tener vida saludable' incluye cuidar tu huertecito urbano y considerar irte a dormir antes que el sol se ponga tan tentador.
Se dice cuando ya tienes 30 años y te empieza a salir el modo adulto sin pedir permiso. De repente valoras más unas zapatillas cómodas que ir hecho un pincel, te quejas del ruido, y sueltas un en mis tiempos con toda la cara. No es drama, es la edad pegando el toquecito. Y sí, tiene su puntito.
Se dice para hablar de que tenés 30 años, así, sin vueltas. Suele venir con ese tono de “ya no soy pibe” y un poquito de crisis simpática: te duele la espalda por dormir mal, la joda te da fiaca y de golpe te pinta “arranco el gym el lunes”. Igual, seguís siendo joven, pero con resaca más cara.
Se dice cuando cumples 30 años, o cuando ya te cae el peso simbólico de los treinta encima. Es una forma coloquial de hablar de la edad, con ese puntito de drama y cachondeo a la vez. Vamos, que ya no eres un chaval, pero tampoco un fósil. Y sí, de repente te preocupan las rodillas.
Se dice para indicar que tienes 30 años, o que ya estás en esa franja de edad. Tacos es una forma coloquial de hablar de años, muy de España. Suele usarse con humor, como cuando te das cuenta de que te emocionan los descuentos, te duele algo por dormir raro y a las 23:00 ya estás pidiendo cama.