Estar hasta las manos

En Buenos Aires se usa para decir que alguien está metidísimo en algo, sin vuelta atrás. Puede ser re contra enamorado, endeudado hasta el cuello o metido en un quilombo épico. Es como estar hundido hasta el techo y aun así seguir cavando. Suena exagerado, dramático y por eso mismo tiene mucha gracia.

"Entre la tarjeta en rojo, el alquiler atrasado y la ex que no lo suelta, el flaco está hasta las manos, ya ni le alcanza para el fernet de los viernes."

Punto fijo

En Buenos Aires se le dice así al que aparece siempre en las juntadas, asados o previas, lo hayan invitado o no. Es como un personaje fijo del elenco, parte del paisaje, imposible de sacar del grupo. No siempre es mala onda, a veces cae bien y hasta suma, pero está ahí, siempre.

"Che, Juan es un punto fijo: caés a un asado en lo de cualquiera y el chabón ya está sentado con un fernet, como si viviera ahí."

Patear el tablero

Se dice cuando alguien decide cortar por lo sano y cambiar las reglas del juego de golpe, sin pedir permiso. Es como tirar todo por el aire porque ya te cansaste de la rosca, del “vemos” y de lo de siempre. Puede ser valiente o un berrinche, depende del personaje. En Buenos Aires se usa bastante en laburo, política y quilombos varios.

"En la reunión todos chamuyaban con el PowerPoint y nadie decidía nada, hasta que la jefa se hinchó, pateó el tablero y largó: listo, se hace así y punto, el que no quiera que se baje."

Ser del palo

En Buenos Aires se usa para decir que alguien es de la misma onda, que comparte gustos, códigos o ideología con un grupo. Si sos del palo, encajás sin forzar nada y te sentís en casa con esa gente. No tiene nada que ver con un árbol, aunque a veces hay cada tronco que también parece del palo, hay que admitirlo.

"Posta que con la banda nueva me re llevo, son todos del palo, cero caretas y la misma data rockera que manejamos desde el barrio."

Estar a mil

Se dice cuando estás con mil cosas encima, a un ritmo infernal, sin un segundo libre. Entre laburo, trámites, gente que te escribe y planes que se enciman, vas corriendo de un lado a otro y no te da la vida. En Buenos Aires se usa un montón para resumir esa semana caótica que te deja con la cabeza a mil.

"Che, esta semana estuve a mil: laburo hasta tarde, subte explotado, cumpleaños el jueves y el sábado parcial. Llegué a casa y me quedé duro."

Andar brilloso

Se dice de alguien que va por la vida agrandado, canchero y medio sobreactuado, como si estuviera desfilando en una alfombra roja. No es que brille de verdad, es actitud: pecho inflado, mirada de ganador y cero vergüenza. En Buenos Aires suele sonar a cargada, tipo: bajá un cambio, campeón.

"Mirá al Tano entrando al cine, anda brilloso mal, saludando a la gente como si fuera famoso y ni el molinete le discutió el ticket."

Ser un crack

En Buenos Aires se le dice crack a alguien que la rompe en algo, o sea, que es buenísimo y se manda una genialidad. No es solo del fútbol, aunque ahí se usa a full. Vale para el laburo, la música, los estudios o lo que sea. Es un elogio bien porteño y bastante común.

"¿Viste cómo toca la viola Nico? Es un crack, boludo, en dos temas ya te dejó con la boca abierta y aplaudiendo como foca."

Repartir leña

En Buenos Aires, repartir leña no va de bailar tango ni de milongas. Es una forma bien gráfica de decir que alguien reparte golpes, caña o bronca, ya sea en una pelea, en la cancha o discutiendo fuerte. También puede ser dar una paliza figurada, tipo criticar sin piedad. Suena bruto, pero es bastante común.

"Se armó quilombo en la cancha y el grandote empezó a repartir leña a lo loco, hasta el árbitro salió corriendo. Después en el grupo de WhatsApp lo mataron a puteadas."

Mandar fruta

Se dice cuando alguien habla sin saber y empieza a inventar, exagerar o tirar datos truchos con total seguridad. Es puro chamuyo, como hacerse el experto y en realidad estar vendiendo humo. En Buenos Aires se usa mucho para pinchar al que se agranda y termina diciendo cualquier cosa. Y sí, a veces da hasta risa.

"En el asado, el primo se puso a mandar fruta sobre criptos y terminó diciendo que el Bitcoin se mina con una pala. Lo miramos todos y siguió como si nada, re canchero."

Ser un cabeza de termo

Se le dice a alguien que es terco a más no poder, de esos que no cambian de idea ni aunque les muestres el mapa, el GPS y un cartel luminoso. Es testarudez pura, medio absurda, como si en vez de cerebro tuviera un termo bien cerrado. Se usa mucho para retar en confianza, con bronca o en chiste.

"Le expliqué mil veces cómo llegar y hasta le mandé la ubicación, pero es un cabeza de termo: dobló para cualquier lado igual y cayó en Lanús."

Tarjetazo

Se dice cuando te mandás una compra medio impulsiva tirando de la tarjeta de crédito, aunque no te dé el cuero. Es ese momento de valentía financiera que dura cinco minutos y después se transforma en arrepentimiento cuando cae el resumen. Muy porteño, muy de fin de mes, y sí, tiene su encanto.

"Estaba seco mal, pero vi la campera en oferta y me mandé el tarjetazo. Ahora vivo a mate y galletitas hasta que cierre la tarjeta."

Hacer la vaquita

Se dice cuando entre varios juntan plata para algo en común, tipo una salida, un regalo o las birras. Es la clásica colecta entre amigos: cada uno pone un poco y se arma el pozo. En Buenos Aires se escucha un montón, sobre todo cuando nadie tiene un mango pero igual pinta plan.

"Che, para el asado del finde hagamos la vaquita, porque yo estoy seco y si no, terminamos comiendo fideos con manteca otra vez."

Estar hecho una piedra

Se usa para decir que alguien está tan cansado que queda duro y quieto, como clavado en el lugar. Es ese nivel de agotamiento en el que el cuerpo no responde y la mente ya está en modo avión. Muy de llegar a casa, tirarte donde sea y convertirte en decoración. Y la verdad, a veces viene bien hacerse piedra un rato.

"Boludo, después de bancarme el bondi lleno, el jefe hinchando las pelotas y la lluvia, llegué a casa y quedé hecho una piedra en la cama, ni para bañarme me dio el cuero"

Echarle leña

Se dice cuando alguien le mete más intensidad a un tema para que prenda, como si tirara leña al fuego. Puede ser exagerar un poco, agitar el drama o avivar una discusión para que haya quilombo. No siempre es mentir, a veces es puro show para que la historia quede más jugosa y la gente se enganche.

"En el asado, Juan contó lo del choque y le echó leña mal: de un raspón pasó a ser un desastre total, y todos quedamos re manija escuchando."

Estar hecho un productor

Se dice de alguien que no para de inventar, armar planes y mover cosas como si tuviera una productora en la cabeza. Siempre está con un proyecto nuevo, una idea loca o metiéndose en algún quilombo creativo. Puede ser elogio o medio cargada, según el tono. En Buenos Aires se usa mucho para el que vive a mil.

"Mirá a Juan, se levantó y ya armó un evento, abrió un Excel y mandó audios a todo el mundo. Está hecho un productor, no se queda quieto ni para tomar mate."

Pelúa

En Buenos Aires se usa para decir que algo está complicado, áspero o difícil de manejar. Puede ser un día, una situación o una persona que viene brava. Es como decir que la cosa está pesada y te la va a hacer sudar. No es que haya sorpresas lindas, más bien quilombo y estrés del bueno.

"Hoy estuvo re pelúa la jornada: se cortó el WiFi, el bondi no venía más y en la reunión me tiraron una pregunta y quedé pagando mal."

Pegar un voleo

En Buenos Aires, pegar un voleo es darle a alguien una patada fuerte, como para mandarlo a volar. Se usa literal, pero también en modo exagerado para decir que lo sacaste cagando o lo retaste feo. No es precisamente cariñoso, pero en el barrio se entiende al toque cuando alguien se pasó de vivo.

"El pibe se coló en la fila del bondi y el chofer lo bajó de una: casi le pega un voleo y lo mandó a la vereda. Todos aplaudieron, re cualquiera."

¡Vamo' arriba!

Grito bien de cancha para levantar al equipo y a la tribuna, como diciendo “dale, metele, que hoy se gana”. Es la versión rioplatense de empujar con el pecho inflado, con un toque de cábala porque si lo gritás fuerte parece que la pelota entra. Se usa con amigos también, para motivar a alguien.

"Arrancó el segundo tiempo y estábamos todos con la garganta rota. Dale, loco, ¡vamo' arriba!, metan huevo que hoy se sufre pero se gana, che."

Estar en pata

Se dice cuando estás descalzo, sin zapatos ni medias, ya sea en casa o en cualquier lado. En Buenos Aires es re común: llegás, tirás las zapas y quedás en pata al toque, modo comodidad total. A veces también se usa para marcar que estás medio desprolijo o improvisado. Simple, porteño y efectivo.

"Llegué del laburo, reventado, me saqué las zapas y quedé en pata. Mi vieja: ¿vas al chino así? Y sí, total queda a la vuelta."

Andar de pantalón corto

En Buenos Aires se dice de alguien que anda medio perdido, desorientado o sin un plan claro, como si saliera a la calle sin estar preparado. No es literal, claro: es más bien que va a los tumbos, improvisando y haciendo cualquiera. Suele usarse con un toque de burla o preocupación, según la confianza.

"Rodrigo anda de pantalón corto desde que lo dejaron: ayer quería raparse, hoy abrir un canal de YouTube y mañana dice que se muda a Mar del Plata."

Chamuyar

Chamuyar es el arte sagrado de hablar bonito para convencer a alguien, ya sea para levantar, zafar de un problema o venderte como si fueras lo mejor del barrio. No siempre es mentira, pero siempre tiene un toque de verso y caradurez. En Buenos Aires es casi deporte nacional, y hay gente que vive a puro chamuyo, con bastante estilo, hay que admitirlo.

"Boludo, el chabón chamuyó tanto al portero que al final nos dejó pasar gratis al boliche y encima nos pidió disculpas por la espera."

Ser un potus

Se le dice a alguien que está en modo planta: no registra, no reacciona y parece que le hablás a un potus del living. Sirve para marcar despiste, lentitud mental o cero iniciativa, a veces con cariño y otras con un poquito de mala leche. Bastante porteño y bien gráfico, la verdad.

"Che, le expliqué tres veces el plan y el flaco seguía mirando al vacío. Dale, no seas un potus, reaccioná que ya arrancó el bondi."

Princeso

Se le dice a un chabón que se hace el delicado o el importante, como si fuera una princesa, y usa eso de excusa para no mover un dedo. Todo le da fiaca, todo le parece un drama y siempre está con vueltas para lo más básico. Es medio cargada, medio burla, y bastante porteña.

"Dale, Martín, dejá Spotify y lavá los platos. Sos re princeso, te pasás veinte minutos eligiendo tema para barrer y después decís que te cansaste."

Dar vuelta al perro

Se dice cuando salís a caminar sin rumbo fijo, solo para despejarte, matar el tiempo o estirar las piernas. No hace falta tener perro de verdad, es más la idea de dar una vueltita por el barrio como quien pasea al bicho. Muy porteño, ideal para cuando no querés admitir que estás al pedo.

"Che, estoy re quemado, salí a dar vuelta al perro por Palermo y de paso me clavé un cafecito en una esquina."

Verga al horno

Se usa para decir que algo se fue al carajo, quedó hecho un desastre o salió todo mal, sin vuelta atrás. Es bien vulgar y porteño, así que va con confianza y según con quién. Ideal para describir un plan que arrancó torcido y terminó en incendio total. Y sí, suena fuerte, pero es bastante gráfica.

"Caí al laburo sin SUBE, sin batería y encima me agarró el paro de trenes. Fue verga al horno, llegué tres horas tarde y con cara de nada."

Tener la data posta

Se dice cuando alguien tiene la info posta, la que es de verdad y no puro chamuyo. O sea, está al tanto y encima con datos confiables, como si tuviera un contacto adentro. Sirve para marcar que esa persona sabe cómo viene la mano y te tira la posta antes que el resto. Un clásico bien porteño.

"Che, ¿quién tiene la data posta de la joda del sábado? Porque el grupo tira cualquiera y después caemos a un cumple de nene, alta vergüenza."

Pegar el ojo

Se dice cuando te quedás dormido, normalmente sin querer, aunque sea un ratito. Puede ser en el bondi, en el sillón o en plena juntada, y suele venir con cabeceo y babita traicionera. No es “dormir profundo”, es más bien pegar una siestita express. Y sí, después te despertás desorientado como si hubieras viajado de dimensión.

"Estábamos viendo El Marginal y yo dije “cinco minutos y sigo”, pegué el ojo en el sillón y me desperté cuando ya estaban negociando con un fierro y media banda nueva."

Mandarse un festín

Es una forma muy porteña de decir que comiste como un campeón, que te clavaste un banquete zarpado y quedaste a punto de reventar. Se usa cuando el morfi estuvo abundante y rico, de esos que después te dejan tirado mirando la tele y prometiendo que mañana arrancás la dieta, aunque todos sabemos que es mentira.

"Boludo, el domingo me mandé un festín en lo de la abuela con asado, pastas, postre y birra, terminé tirado en el sillón viendo el partido sin poder mover un dedo."

Consejo vendo y pa' mí no tengo

Dicho para pinchar a quien reparte consejos como si fuera gurú, pero después no se aplica ni uno. Vamos, que predica mucho y practica poco. Se usa con tono de chicana, a veces con cariño y a veces con palito. Ideal para ese amigo que te arma el plan de vida perfecto y él sigue en cualquiera.

"Me tiró que deje el azúcar y arranque el gym, pero el chabón se bajó media docena de facturas con mate. Consejo vendo y pa' mí no tengo, olvidate."

Ya dejen de florear

Se dice para cortar el chamuyo cuando alguien se pone a dar vueltas, mete relleno o se hace el misterioso con un chisme. Es como pedir: dejá de adornar y contá lo importante de una vez. Va con tono de apuro o de hartazgo, sobre todo cuando querés la parte jugosa ya.

"Dale, loco, hace diez minutos que estás con el preámbulo del quilombo en la oficina. Ya dejen de florear y contá qué pasó con el jefe y la tarjeta."

Dar el gatazo

Se dice cuando zafás una situación con un arreglo medio trucho pero efectivo, como para que algo que estaba roto o flojo parezca que anda joya. Es el típico parche improvisado que te salva el momento, aunque sabés que en cualquier momento vuelve a fallar. Muy de taller, de casa y de apuro.

"Se le salió la suela a la zapatilla antes de salir y el Chino le dio el gatazo con cinta y dos grampas. Llegó al boliche caminando como si nada, un campeón."

Armado hasta los dientes

Se dice de alguien que va fuertemente armado, con un montón de armas o recursos para pelear, como si estuviera listo para una guerra. También se usa en sentido figurado para alguien que va preparadísimo, con mil cosas encima, pero la idea base es la de ir cargado y peligroso. Suena exagerado y por eso tiene gracia.

"Cayó a la cancha armado hasta los dientes: termo, mate, piloto, power bank y hasta un destapador. Le faltaba llevar un kiosco en la mochila."

Ser un chamuyero

En Buenos Aires, un chamuyero es el que te habla lindo y con mucha labia, te vende humo y te envuelve, pero cuando rascás un poco no hay nada sólido. Puede ser para chamuyar a alguien, zafar de una situación o marear la perdiz en una charla. Y sí, a veces hasta da risa lo bien que la dibuja.

"Mirá al Roberto, te arma un discurso re convincente para no laburar y encima te pide un cafecito. Es alto chamuyero, te la dibuja toda y después no cumple ni una."

Agitar el avispero

Se usa cuando alguien mete mano en un tema sensible y termina armando un quilombo bárbaro, despertando broncas y conflictos que estaban más o menos dormidos. Es como patear un nido de avispas y después hacerse el sorprendido porque todos están picados. Ideal para describir al típico que no puede evitar buscar bardo, aunque nadie se lo pidió.

"Che, dejá de agitar el avispero con lo del aumento en el grupo de WhatsApp que ya están todos re sacados y la jefa anda con un humor de perros."

Alta data

En Buenos Aires se dice cuando alguien tira un dato buenísimo, útil o re jugoso, de esos que te cambian el plan o te prenden el chusmerío. Es como decir alta info o tremendo dato, pero con tonito porteño. Se usa para recomendar, avivar o pasar un secreto que vale oro.

"Che, me pasaron alta data del boliche nuevo: entrás antes de las doce y te regalan una birra, así que caemos temprano."

Andar bien aguado

Se dice de alguien que se hace el canchero y el indiferente, pero por dentro está re alterado, nervioso o embobado, casi baboso. Suele salir cuando aparece la persona que le gusta y se le nota en la cara, aunque intente disimular. Es medio cargada, pero bastante porteña y efectiva.

"¿Lo viste a Tito? Anda bien aguado cada vez que entra Gabi al aula, se hace el tranquilo pero se le pone cara de bobo y se le iluminan los ojitos, re obvio."

Estar en la ley

En Buenos Aires se dice de alguien que va derecho, que está portándose bien y no anda en cosas raras. Es como decir que está en regla, que no se mete en quilombos y que, dentro de todo, es confiable. Suele usarse para marcar que alguien está tranquilo, sin bardos ni problemas con nadie.

"Quedate piola, che: Juan está en la ley, no anda en ninguna y si te dijo que cae a las ocho, cae a las ocho."

Ir como pollo sin cabeza

Se dice cuando alguien va a las apuradas y sin rumbo, haciendo mil cosas pero sin organizarse, como corriendo en círculos. Es el típico modo caos: mucho movimiento, cero plan. Vale para el laburo, la casa o la calle, cuando estás tan perdido que ni el GPS te salva. Y sí, da un poco de risa verlo desde afuera.

"Le dije a Nacho que compre para las empanadas y cayó con papitas, gaseosa y un alfajor. En el súper anduvo como pollo sin cabeza y ni vio la carne picada."

Pegar buena onda

Se dice de alguien que transmite buena vibra, cae bien y levanta el ánimo del grupo. Es como tener un parlante de optimismo en la juntada: llega, tira un chiste, te charla de cualquier cosa y de golpe el ambiente se pone más lindo. Muy porteño para describir a la persona que suma y no rompe las bolas.

"Cae Nico con unas birras y al toque pega buena onda, ya está, se armó la juntada y nadie se quiere ir."

A la orden

Se dice para ofrecerte o mostrar disposición, tipo “decime” o “¿en qué te ayudo?”. En Buenos Aires es re común en comercios, laburos y hasta por educación cuando te agradecen. Ojo, no es solo para zafar si no entendiste, aunque a veces sirve para ganar tiempo y quedar bien.

"Cayó el cliente con mil vueltas y yo, con la mejor cara, le tiré: A la orden. Mientras buscaba al encargado y rezaba para que no me pidiera algo rarísimo."

Romper la pista

Se dice cuando alguien baila tan bien que parece que va a hacer mierda la pista de lo fuerte que la rompe. Es elogio puro: la persona se roba todas las miradas, levanta la fiesta y deja a los demás con cara de ¿y ahora quién se anima? Muy de boliche y de casamiento, cuando uno se suelta mal.

"Che, ¿viste a Juan anoche? Salió a la pista y la rompió toda, hasta la tía Marta se puso a aplaudir y el DJ le tiró un temazo."

Tener alta manija

En Buenos Aires se dice cuando alguien está re manija, o sea, con unas ganas tremendas, manija por un plan, una persona o lo que sea. Puede ser entusiasmo, ansiedad o calentura por que pase ya. Es ese modo acelerado en el que no parás de hablar del tema y te cuesta bajar un cambio. Y sí, contagia.

"Amigo, desde que anunciaron el recital estoy con alta manija, ya me armé el outfit, hice la previa y todavía faltan dos semanas."

Estar en cualquiera

Se usa cuando alguien está re colgado, despistado o en su mundo, como si la realidad le pasara por al lado. También vale para cuando alguien hace cualquiera, manda fruta o toma decisiones rarísimas sin pensar mucho. Es bien porteño y sirve tanto para boludear a un amigo como para describir un día en modo piloto automático.

"El pibe estaba en cualquiera, salió apurado, se subió al bondi para el otro lado y cayó en Liniers con una medialuna en la mano, sin saber ni por qué."

Chiflado

En Buenos Aires, decir que alguien está chiflado es llamarlo medio loco, pirado o que no le llegan todos los patitos. Puede ser en serio o en plan cariñoso, tipo cuando alguien se manda una idea rarísima o actúa sin filtro. No es que tenga superpoderes, es más bien que está re chapa. Y sí, a veces da risa.

"El Nico cayó al asado con una sandía y la metió a la parrilla como si nada. Le dije: estás chiflado, boludo, ¿quién hace eso un domingo?"

Estar hecho un zumbo

Se dice de alguien que está re colgado, medio perdido o funcionando en modo automático, como si no cazara una. Puede ser por sueño, resaca, estrés o porque simplemente anda en cualquiera. No siempre es insulto, a veces es más bien una cargada suave entre amigos cuando uno está en la luna.

"Che, hoy en la reunión estabas hecho un zumbo, te preguntaron tu parte y arrancaste a hablar del asado del finde."

Estar hecho un bolonqui

Se usa cuando algo es un quilombo total: desorden, caos y cero control. Puede ser un cuarto, una situación, un plan o hasta tu cabeza un lunes. Es bien porteña y suena a que todo se fue al pasto. No es necesariamente grave, pero sí un lindo desastre que pide orden urgente.

"No caigas a casa ahora, está hecho un bolonqui: ropa tirada, platos por la mesada y el gato jugando con los cables. Parece que explotó una valija."

Lamebotas

Se usa para hablar de alguien que vive adulando a otra persona con poder, ya sea el jefe, un profe o cualquier figura de autoridad. Es el típico que se arrastra, hace favores ridículos y nunca lleva la contra, todo para trepar o quedar bien. Es medio insulto, medio descripción triste de la realidad laboral.

"Juan es un lamebotas total, siempre cayendo temprano a la oficina, llevándole cafecito al jefe y festejándole hasta los chistes más malos como si fueran un show en el Luna Park."

Estar loco de la bola

Se dice de alguien que está medio chiflado o acelerado, como si tuviera la cabeza a mil y no midiera mucho lo que hace. Puede ser por emoción, por nervios o porque es así de personaje. En Buenos Aires suena bien de barrio, entre cargada y preocupación. No es diagnóstico, es comentario con picante.

"El Nico está loco de la bola, boludo: ayer se anotó en crossfit, compró una bici fija y juró que hoy arranca dieta. A la noche ya estaba clavándose una pizza en la vereda."

Tener la lengua de trapo

Se dice cuando alguien habla fatal, como con la lengua pesada, y se le traba todo. Puede ser por estar medio en pedo, por cansancio, por nervios o porque se mandó a hablar a mil y se le hizo un nudo. Vamos, que no se le entiende un carajo y parece que tuviera la lengua hecha un trapo.

"Cayó del boliche a las seis y se puso a chamuyar de política. A los dos minutos ya tenía la lengua de trapo y nosotros tipo: flaco, andá a dormir."

Estar al palo

En Buenos Aires se dice cuando alguien está a mil, re manija y con una energía tremenda. Puede ser por emoción, por estar de fiesta, por el quilombo lindo de un recital o porque algo te voló la cabeza. Es como decir que estás encendidísimo y no te baja nadie. Ideal para noches largas y planes intensos.

"Che, anoche en el recital estábamos al palo, saltando como locos. Terminamos afónicos, con la remera empapada y todavía queríamos otra canción más."
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