Estar hasta las manos
En Buenos Aires se usa para decir que alguien está metidísimo en algo, sin vuelta atrás. Puede ser re contra enamorado, endeudado hasta el cuello o metido en un quilombo épico. Es como estar hundido hasta el techo y aun así seguir cavando. Suena exagerado, dramático y por eso mismo tiene mucha gracia.
Punto fijo
En Buenos Aires se le dice así al que aparece siempre en las juntadas, asados o previas, lo hayan invitado o no. Es como un personaje fijo del elenco, parte del paisaje, imposible de sacar del grupo. No siempre es mala onda, a veces cae bien y hasta suma, pero está ahí, siempre.
Patear el tablero
Se dice cuando alguien decide cortar por lo sano y cambiar las reglas del juego de golpe, sin pedir permiso. Es como tirar todo por el aire porque ya te cansaste de la rosca, del “vemos” y de lo de siempre. Puede ser valiente o un berrinche, depende del personaje. En Buenos Aires se usa bastante en laburo, política y quilombos varios.
Ser del palo
En Buenos Aires se usa para decir que alguien es de la misma onda, que comparte gustos, códigos o ideología con un grupo. Si sos del palo, encajás sin forzar nada y te sentís en casa con esa gente. No tiene nada que ver con un árbol, aunque a veces hay cada tronco que también parece del palo, hay que admitirlo.
Estar a mil
Se dice cuando estás con mil cosas encima, a un ritmo infernal, sin un segundo libre. Entre laburo, trámites, gente que te escribe y planes que se enciman, vas corriendo de un lado a otro y no te da la vida. En Buenos Aires se usa un montón para resumir esa semana caótica que te deja con la cabeza a mil.
Andar brilloso
Se dice de alguien que va por la vida agrandado, canchero y medio sobreactuado, como si estuviera desfilando en una alfombra roja. No es que brille de verdad, es actitud: pecho inflado, mirada de ganador y cero vergüenza. En Buenos Aires suele sonar a cargada, tipo: bajá un cambio, campeón.
Ser un crack
En Buenos Aires se le dice crack a alguien que la rompe en algo, o sea, que es buenísimo y se manda una genialidad. No es solo del fútbol, aunque ahí se usa a full. Vale para el laburo, la música, los estudios o lo que sea. Es un elogio bien porteño y bastante común.
Repartir leña
En Buenos Aires, repartir leña no va de bailar tango ni de milongas. Es una forma bien gráfica de decir que alguien reparte golpes, caña o bronca, ya sea en una pelea, en la cancha o discutiendo fuerte. También puede ser dar una paliza figurada, tipo criticar sin piedad. Suena bruto, pero es bastante común.
Mandar fruta
Se dice cuando alguien habla sin saber y empieza a inventar, exagerar o tirar datos truchos con total seguridad. Es puro chamuyo, como hacerse el experto y en realidad estar vendiendo humo. En Buenos Aires se usa mucho para pinchar al que se agranda y termina diciendo cualquier cosa. Y sí, a veces da hasta risa.
Ser un cabeza de termo
Se le dice a alguien que es terco a más no poder, de esos que no cambian de idea ni aunque les muestres el mapa, el GPS y un cartel luminoso. Es testarudez pura, medio absurda, como si en vez de cerebro tuviera un termo bien cerrado. Se usa mucho para retar en confianza, con bronca o en chiste.
Tarjetazo
Se dice cuando te mandás una compra medio impulsiva tirando de la tarjeta de crédito, aunque no te dé el cuero. Es ese momento de valentía financiera que dura cinco minutos y después se transforma en arrepentimiento cuando cae el resumen. Muy porteño, muy de fin de mes, y sí, tiene su encanto.
Hacer la vaquita
Se dice cuando entre varios juntan plata para algo en común, tipo una salida, un regalo o las birras. Es la clásica colecta entre amigos: cada uno pone un poco y se arma el pozo. En Buenos Aires se escucha un montón, sobre todo cuando nadie tiene un mango pero igual pinta plan.
Estar hecho una piedra
Se usa para decir que alguien está tan cansado que queda duro y quieto, como clavado en el lugar. Es ese nivel de agotamiento en el que el cuerpo no responde y la mente ya está en modo avión. Muy de llegar a casa, tirarte donde sea y convertirte en decoración. Y la verdad, a veces viene bien hacerse piedra un rato.
Echarle leña
Se dice cuando alguien le mete más intensidad a un tema para que prenda, como si tirara leña al fuego. Puede ser exagerar un poco, agitar el drama o avivar una discusión para que haya quilombo. No siempre es mentir, a veces es puro show para que la historia quede más jugosa y la gente se enganche.
Estar hecho un productor
Se dice de alguien que no para de inventar, armar planes y mover cosas como si tuviera una productora en la cabeza. Siempre está con un proyecto nuevo, una idea loca o metiéndose en algún quilombo creativo. Puede ser elogio o medio cargada, según el tono. En Buenos Aires se usa mucho para el que vive a mil.
Pelúa
En Buenos Aires se usa para decir que algo está complicado, áspero o difícil de manejar. Puede ser un día, una situación o una persona que viene brava. Es como decir que la cosa está pesada y te la va a hacer sudar. No es que haya sorpresas lindas, más bien quilombo y estrés del bueno.
Pegar un voleo
En Buenos Aires, pegar un voleo es darle a alguien una patada fuerte, como para mandarlo a volar. Se usa literal, pero también en modo exagerado para decir que lo sacaste cagando o lo retaste feo. No es precisamente cariñoso, pero en el barrio se entiende al toque cuando alguien se pasó de vivo.
¡Vamo' arriba!
Grito bien de cancha para levantar al equipo y a la tribuna, como diciendo “dale, metele, que hoy se gana”. Es la versión rioplatense de empujar con el pecho inflado, con un toque de cábala porque si lo gritás fuerte parece que la pelota entra. Se usa con amigos también, para motivar a alguien.
Estar en pata
Se dice cuando estás descalzo, sin zapatos ni medias, ya sea en casa o en cualquier lado. En Buenos Aires es re común: llegás, tirás las zapas y quedás en pata al toque, modo comodidad total. A veces también se usa para marcar que estás medio desprolijo o improvisado. Simple, porteño y efectivo.
Andar de pantalón corto
En Buenos Aires se dice de alguien que anda medio perdido, desorientado o sin un plan claro, como si saliera a la calle sin estar preparado. No es literal, claro: es más bien que va a los tumbos, improvisando y haciendo cualquiera. Suele usarse con un toque de burla o preocupación, según la confianza.
Chamuyar
Chamuyar es el arte sagrado de hablar bonito para convencer a alguien, ya sea para levantar, zafar de un problema o venderte como si fueras lo mejor del barrio. No siempre es mentira, pero siempre tiene un toque de verso y caradurez. En Buenos Aires es casi deporte nacional, y hay gente que vive a puro chamuyo, con bastante estilo, hay que admitirlo.
Ser un potus
Se le dice a alguien que está en modo planta: no registra, no reacciona y parece que le hablás a un potus del living. Sirve para marcar despiste, lentitud mental o cero iniciativa, a veces con cariño y otras con un poquito de mala leche. Bastante porteño y bien gráfico, la verdad.
Princeso
Se le dice a un chabón que se hace el delicado o el importante, como si fuera una princesa, y usa eso de excusa para no mover un dedo. Todo le da fiaca, todo le parece un drama y siempre está con vueltas para lo más básico. Es medio cargada, medio burla, y bastante porteña.
Dar vuelta al perro
Se dice cuando salís a caminar sin rumbo fijo, solo para despejarte, matar el tiempo o estirar las piernas. No hace falta tener perro de verdad, es más la idea de dar una vueltita por el barrio como quien pasea al bicho. Muy porteño, ideal para cuando no querés admitir que estás al pedo.
Verga al horno
Se usa para decir que algo se fue al carajo, quedó hecho un desastre o salió todo mal, sin vuelta atrás. Es bien vulgar y porteño, así que va con confianza y según con quién. Ideal para describir un plan que arrancó torcido y terminó en incendio total. Y sí, suena fuerte, pero es bastante gráfica.
Tener la data posta
Se dice cuando alguien tiene la info posta, la que es de verdad y no puro chamuyo. O sea, está al tanto y encima con datos confiables, como si tuviera un contacto adentro. Sirve para marcar que esa persona sabe cómo viene la mano y te tira la posta antes que el resto. Un clásico bien porteño.
Pegar el ojo
Se dice cuando te quedás dormido, normalmente sin querer, aunque sea un ratito. Puede ser en el bondi, en el sillón o en plena juntada, y suele venir con cabeceo y babita traicionera. No es “dormir profundo”, es más bien pegar una siestita express. Y sí, después te despertás desorientado como si hubieras viajado de dimensión.
Mandarse un festín
Es una forma muy porteña de decir que comiste como un campeón, que te clavaste un banquete zarpado y quedaste a punto de reventar. Se usa cuando el morfi estuvo abundante y rico, de esos que después te dejan tirado mirando la tele y prometiendo que mañana arrancás la dieta, aunque todos sabemos que es mentira.
Consejo vendo y pa' mí no tengo
Dicho para pinchar a quien reparte consejos como si fuera gurú, pero después no se aplica ni uno. Vamos, que predica mucho y practica poco. Se usa con tono de chicana, a veces con cariño y a veces con palito. Ideal para ese amigo que te arma el plan de vida perfecto y él sigue en cualquiera.
Ya dejen de florear
Se dice para cortar el chamuyo cuando alguien se pone a dar vueltas, mete relleno o se hace el misterioso con un chisme. Es como pedir: dejá de adornar y contá lo importante de una vez. Va con tono de apuro o de hartazgo, sobre todo cuando querés la parte jugosa ya.
Dar el gatazo
Se dice cuando zafás una situación con un arreglo medio trucho pero efectivo, como para que algo que estaba roto o flojo parezca que anda joya. Es el típico parche improvisado que te salva el momento, aunque sabés que en cualquier momento vuelve a fallar. Muy de taller, de casa y de apuro.
Armado hasta los dientes
Se dice de alguien que va fuertemente armado, con un montón de armas o recursos para pelear, como si estuviera listo para una guerra. También se usa en sentido figurado para alguien que va preparadísimo, con mil cosas encima, pero la idea base es la de ir cargado y peligroso. Suena exagerado y por eso tiene gracia.
Ser un chamuyero
En Buenos Aires, un chamuyero es el que te habla lindo y con mucha labia, te vende humo y te envuelve, pero cuando rascás un poco no hay nada sólido. Puede ser para chamuyar a alguien, zafar de una situación o marear la perdiz en una charla. Y sí, a veces hasta da risa lo bien que la dibuja.
Agitar el avispero
Se usa cuando alguien mete mano en un tema sensible y termina armando un quilombo bárbaro, despertando broncas y conflictos que estaban más o menos dormidos. Es como patear un nido de avispas y después hacerse el sorprendido porque todos están picados. Ideal para describir al típico que no puede evitar buscar bardo, aunque nadie se lo pidió.
Alta data
En Buenos Aires se dice cuando alguien tira un dato buenísimo, útil o re jugoso, de esos que te cambian el plan o te prenden el chusmerío. Es como decir alta info o tremendo dato, pero con tonito porteño. Se usa para recomendar, avivar o pasar un secreto que vale oro.
Andar bien aguado
Se dice de alguien que se hace el canchero y el indiferente, pero por dentro está re alterado, nervioso o embobado, casi baboso. Suele salir cuando aparece la persona que le gusta y se le nota en la cara, aunque intente disimular. Es medio cargada, pero bastante porteña y efectiva.
Estar en la ley
En Buenos Aires se dice de alguien que va derecho, que está portándose bien y no anda en cosas raras. Es como decir que está en regla, que no se mete en quilombos y que, dentro de todo, es confiable. Suele usarse para marcar que alguien está tranquilo, sin bardos ni problemas con nadie.
Ir como pollo sin cabeza
Se dice cuando alguien va a las apuradas y sin rumbo, haciendo mil cosas pero sin organizarse, como corriendo en círculos. Es el típico modo caos: mucho movimiento, cero plan. Vale para el laburo, la casa o la calle, cuando estás tan perdido que ni el GPS te salva. Y sí, da un poco de risa verlo desde afuera.
Pegar buena onda
Se dice de alguien que transmite buena vibra, cae bien y levanta el ánimo del grupo. Es como tener un parlante de optimismo en la juntada: llega, tira un chiste, te charla de cualquier cosa y de golpe el ambiente se pone más lindo. Muy porteño para describir a la persona que suma y no rompe las bolas.
A la orden
Se dice para ofrecerte o mostrar disposición, tipo “decime” o “¿en qué te ayudo?”. En Buenos Aires es re común en comercios, laburos y hasta por educación cuando te agradecen. Ojo, no es solo para zafar si no entendiste, aunque a veces sirve para ganar tiempo y quedar bien.
Romper la pista
Se dice cuando alguien baila tan bien que parece que va a hacer mierda la pista de lo fuerte que la rompe. Es elogio puro: la persona se roba todas las miradas, levanta la fiesta y deja a los demás con cara de ¿y ahora quién se anima? Muy de boliche y de casamiento, cuando uno se suelta mal.
Tener alta manija
En Buenos Aires se dice cuando alguien está re manija, o sea, con unas ganas tremendas, manija por un plan, una persona o lo que sea. Puede ser entusiasmo, ansiedad o calentura por que pase ya. Es ese modo acelerado en el que no parás de hablar del tema y te cuesta bajar un cambio. Y sí, contagia.
Estar en cualquiera
Se usa cuando alguien está re colgado, despistado o en su mundo, como si la realidad le pasara por al lado. También vale para cuando alguien hace cualquiera, manda fruta o toma decisiones rarísimas sin pensar mucho. Es bien porteño y sirve tanto para boludear a un amigo como para describir un día en modo piloto automático.
Chiflado
En Buenos Aires, decir que alguien está chiflado es llamarlo medio loco, pirado o que no le llegan todos los patitos. Puede ser en serio o en plan cariñoso, tipo cuando alguien se manda una idea rarísima o actúa sin filtro. No es que tenga superpoderes, es más bien que está re chapa. Y sí, a veces da risa.
Estar hecho un zumbo
Se dice de alguien que está re colgado, medio perdido o funcionando en modo automático, como si no cazara una. Puede ser por sueño, resaca, estrés o porque simplemente anda en cualquiera. No siempre es insulto, a veces es más bien una cargada suave entre amigos cuando uno está en la luna.
Estar hecho un bolonqui
Se usa cuando algo es un quilombo total: desorden, caos y cero control. Puede ser un cuarto, una situación, un plan o hasta tu cabeza un lunes. Es bien porteña y suena a que todo se fue al pasto. No es necesariamente grave, pero sí un lindo desastre que pide orden urgente.
Lamebotas
Se usa para hablar de alguien que vive adulando a otra persona con poder, ya sea el jefe, un profe o cualquier figura de autoridad. Es el típico que se arrastra, hace favores ridículos y nunca lleva la contra, todo para trepar o quedar bien. Es medio insulto, medio descripción triste de la realidad laboral.
Estar loco de la bola
Se dice de alguien que está medio chiflado o acelerado, como si tuviera la cabeza a mil y no midiera mucho lo que hace. Puede ser por emoción, por nervios o porque es así de personaje. En Buenos Aires suena bien de barrio, entre cargada y preocupación. No es diagnóstico, es comentario con picante.
Tener la lengua de trapo
Se dice cuando alguien habla fatal, como con la lengua pesada, y se le traba todo. Puede ser por estar medio en pedo, por cansancio, por nervios o porque se mandó a hablar a mil y se le hizo un nudo. Vamos, que no se le entiende un carajo y parece que tuviera la lengua hecha un trapo.
Estar al palo
En Buenos Aires se dice cuando alguien está a mil, re manija y con una energía tremenda. Puede ser por emoción, por estar de fiesta, por el quilombo lindo de un recital o porque algo te voló la cabeza. Es como decir que estás encendidísimo y no te baja nadie. Ideal para noches largas y planes intensos.