Se usa cuando alguien se lanza con todo a regañar, criticar o poner a la gente en su sitio, sin guardarse nada. Es como si estuviera dando palos, pero solo con palabras bien duras. Suele sonar cuando alguien pierde la paciencia y decide decir todas las verdades de golpe, y a veces hasta da gusto verlo.
Cuando una competición de pulso dura tanto y es tan reñida, que los contendientes parecen dos leñadores enfrentándose en un combate épico pero con las muñecas, cada empuje parece derribar un tronco imaginario.
En Buenos Aires, repartir leña no va de bailar tango ni de milongas. Es una forma bien gráfica de decir que alguien reparte golpes, caña o bronca, ya sea en una pelea, en la cancha o discutiendo fuerte. También puede ser dar una paliza figurada, tipo criticar sin piedad. Suena bruto, pero es bastante común.
Descripción utilizada para los mercadillos callejeros, donde los vendedores gritan ofertas animadas y ofrecen sus productos con energía para arrancarle un billetico a cada transeúnte. Es el dinamismo del trueque y la charla comercial en su máxima expresión.
Se dice cuando alguien se pone a soltar regaños, críticas o insultos sin filtro, como si estuviera dando palos a diestra y siniestra. Vamos, que la persona está brava y no perdona a nadie. En La Guaira se oye mucho para describir una bronca intensa, de esas que te dejan calladito y mirando al piso.
En Murcia se usa para hablar de salir de fiesta con ganas de desfasar fuerte, darlo todo y acabar reventado pero contento. Es como anunciar que la noche va a ser intensa, con mucho alcohol, baile y cero ganas de recogerse pronto. Vamos, que si alguien dice esto, mejor calentar bien el hígado.
En el intricado arte de preparar un buen sancocho, esta expresión define a quien se pone al frente de la hoguera culinaria, menea la caldera cual tronco dando vueltas y añadió ingredientes hasta alcanzar una sopa ajena al trueno del hambre necesitado, repartiendo calor en cuerpo y alma.
Se dice cuando alguien reparte a base de bien: puede ser soltar críticas sin filtro, dar caña a todo el mundo o incluso pegar fuerte en sentido literal. Vamos, que no se corta un pelo y va dejando recados por el camino. Muy de barra de bar y de reunión calentita, cuando alguien se viene arriba.
En el ámbito tecnológico, se refiere a quien resuelve problemas informáticos con la misma intensidad que un leñador abatiendo árboles. Utiliza métodos poco ortodoxos pero efectivos, dejando el sistema reposado, casi reforestado.
Cuando tus abuelos juegan al domino con tal pasión que cada ficha es como si lanzaran troncos, repartiendo estruendos y carcajadas al mismo tiempo. Se dice que 'reparten leña' cuando el juego se obtiene ruidoso y competitivo.