Estar del orto
En Mendoza se dice estar del orto cuando alguien está de pésimo humor porque todo le salió mal en el día. Es como andar cruzado, con bronca y cero paciencia, medio que mejor ni hablarte. Se usa tanto por mala racha como por mal carácter momentáneo, y sí, suena bastante guarango pero tiene su encanto catártico.
Caja de vino
Forma coloquial de hablar del vino barato que viene en envase Tetra Brik, el clásico aliado de las juntadas al aire libre, previas y asados improvisados. No es un vino fino ni de cata, pero salva la noche y el bolsillo. En Mendoza hace un poco de gracia, porque es tierra de buenos vinos y aun así la caja siempre aparece.
Ser un loco lindo
Se dice de alguien que está medio chiflado pero en el buen sentido, de esos que hacen pavadas todo el día y aun así caen re bien. Es como que viven en su propio mundo de arcoíris, vino y quilombo, pero nadie se enoja porque le ponen onda a todo. Y hay que admitir que esa gente siempre anima la juntada.
Sacar un plan al vuelo
Se dice cuando armás una salida improvisada, sin mucha vuelta y en el momento, porque pintó y listo. Es ese plan que sale de la nada, con buena onda, para zafar el finde o aprovechar un feriado. Muy de juntada mendocina: alguien tira la idea, otro pone el auto y ya estás en camino.
Hacer falta un zurdito
Se dice cuando la situación pide una solución improvisada, rápida y medio creativa, de esas que salen con maña y sin herramientas. Es como pedir un truquito salvador para zafar del apuro, tipo abrir un vino sin sacacorchos o arreglar algo con alambre. Muy mendocino, bien de resolver con lo que haya.
Tocayo solitario
Se usa para hablar del pobre tipo que cae a un cumple, asado o juntada y solo conoce al anfitrión. Anda medio colgado, dando vueltas con el vaso en la mano, tratando de enganchar charla con alguien para no quedar pintado al óleo. Todos fuimos un tocayo solitario alguna vez, y da ternura cuando se nota.
cacharpazo
En Mendoza se usa para hablar de un laburo pesado que te cae de golpe, medio de sorpresa y casi nunca con buena onda. Es ese momento en que pensabas rajar temprano y de repente te encajan mil cosas juntas. No es solo mucho trabajo, también es el bajón anímico que trae. Y hay que admitir que la palabra suena bastante graciosa.
Arreglame el asado
Se dice cuando estás hasta las manos y le pedís a alguien que te salve el día, que te arregle un quilombo o te encuentre una solución rápida. Viene del asado literal, cuando se te va todo al carajo en la parrilla y aparece el que sabe a rescatar la carne. Muy de confianza y entre amigos.
Vino en cartón
Se usa para hablar de algo baratelli y medio choto, que todos saben que no es de calidad top pero igual se consume porque salva la noche y el bolsillo. En Mendoza, donde el vino es religión, decir vino en cartón es casi un chiste interno. Es como admitir que bajaste la vara, pero con dignidad y mucha cara dura.
Dar una mano
Se usa para decir ayudar a alguien, ya sea con una tarea, un favor o sacarlo de un apuro. En Mendoza y en Argentina en general es súper común: dar una mano es arrimar el hombro sin hacer tanto drama. Puede ser algo simple como mover un mueble o salvarte cuando estás hasta las manos.
Planchar la oreja
Se dice cuando te vas a dormir, echarte una siesta o directamente caer rendido. La imagen es buenísima: apoyar la oreja en la almohada y dejarla ahí, bien “planchada”. Suele usarse en plan relajado, a veces con humor, cuando estás muerto de sueño o te pinta desconectar un rato.
Manducarse
Verbo que usan en Mendoza para hablar de comer con un hambre feroz, dándole duro al plato y sin dejar ni las migas. Suele aparecer cuando la comida es gratis o está tan rica que te olvidas de los modales. Es como decir que te devoraste todo con ganas, y la verdad es que suena bastante gracioso.
Ponerse a dar cuerda
Se usa cuando alguien arranca a hablar y no para más, empieza a dar mil detalles, vueltas y explicaciones sobre un tema hasta volverlo eterno y medio plomazo. Es como cuando le das cuerda a un juguete y sigue y sigue. A veces hace gracia, pero otras dan ganas de tirarse por la ventana del bondi.
Alto quilombo
Se usa para decir que hay un lío tremendo, un caos de los lindos o de los que te sacan canas. Puede ser una fiesta descontrolada, un trámite que se fue al pasto o un grupo donde nadie entiende nada. En Argentina, alto funciona como intensificador, o sea, quilombo pero en modo nivel Dios.
Rancio
En Mendoza decir que alguien es rancio es tratarlo de amargo, aguafiestas o medio vinagre dentro del grupo. Es esa persona que siempre pone peros, nunca se copa del todo y corta el clima cuando todos están de buen humor. Como un vino que se quedó destapado demasiado tiempo y ya no levanta ni al más optimista.
Estás a un vino de distancia
Se usa para decir que alguien está a nada de dejarse convencer, aflojar o mandarse una cagada hermosa, y que solo le falta un vinito más para cruzar la línea. Es muy mendocina, porque acá todo se charla con copa en mano. Y hay que admitir que muchas decisiones dudosas nacen así.
Ser un lobo en la cosecha
Se usa en zonas de viñedos para hablar de alguien que rinde a lo bestia en la vendimia, que corta uva rapidísimo y casi ni se cansa. Es como decir que es una máquina trabajando en la cosecha, que no afloja nunca y siempre va a mil. Y la verdad, cuando te toca uno así en el equipo, se agradece un montón.
Choripanear
En Mendoza se usa para hablar de alguien que hace trampa o engaña de forma bastante caradura, sobre todo cuando se hace el vivo. Viene del chiste del que promete alto asado con carne de primera y después solo tira unos choripanes medio tristes. Es medio traición, medio viveza criolla, y la verdad es que suena bastante gracioso.
Manducarse
En Mendoza se usa para decir que alguien se come algo con muchas ganas, disfrutando cada bocado y sin remordimientos. Es como entregarse al placer de la comida, ya sea un asado, unas tortitas raspadas o lo que pinte. Suena medio bruto, pero tiene ese toque cariñoso de gordito feliz que da ternura.
Más lento que bandoneón desafinado
Expresión bien mendocina para decir que alguien es extremadamente lento para hacer cualquier cosa, casi desesperante. La comparación con el bandoneón desafinado viene de que afinarlo lleva su tiempo y es un quilombo, así que la idea es que la persona se mueve o reacciona a paso de tortuga. Es medio cargosa, pero también tiene su gracia y se usa en tono de chicana.
Tomarse un mate en patas
Expresión mendocina que se usa cuando alguien está en casa bien relajado, sin drama y en modo descanso total, tomando unos mates descalzo. La gracia está en lo de en patas, que es andar sin zapatos, bien de entrecasa. Es muy de domingo a la tarde y, la verdad, suena a planazo.
Estar hecho un candidato
Se dice cuando alguien aparece demasiado arreglado, prolijo y con pinta de importante, como si estuviera en campaña y fuera a pedirte el voto. Va para el que cae de traje, perfumado y peinado, aunque sea para ir a la esquina. En Mendoza suena bien irónico, medio en joda, pero con admiración también.
Estar pescado
Se dice cuando alguien está re colgado, como desconectado de la realidad, en su mundo y sin registrar lo que pasa alrededor. Puede ser por sueño, por estar pensando en cualquiera o por andar medio despistado. No es que sea malo, pero si te lo tiran, te están diciendo que espabiles un toque.
Colgado del aire
Se usa para hablar de alguien súper colgado, que vive en su nube personal y no se entera de nada de lo que pasa alrededor. Es ese que va caminando pensando en marcianos mientras todos discuten algo importante. No siempre es insulto, a veces se dice con cariño, pero igual da un poco de risa verlo tan perdido.
Estar en prensa
Se dice cuando alguien está hasta las manos, con mil cosas encima y sin aire para zafar. Es como estar apretado, contra reloj, con presión por todos lados, ya sea por laburo, estudio o quilombos varios. No es que salga en el diario, es que la vida te está haciendo la prensa. Y sí, se siente.
La recaída
En Mendoza se habla de la recaída cuando volvés a eso que juraste dejar y sabés que te hace como el orto, pero igual te tira más que la montaña. Puede ser una ex, un boliche, el fernet del finde o cualquier vicio medio tóxico. Todos dicen que es la última vez y todos sabemos que es puro cuento, pero bueno, quién se resiste.
Estar en misión
Se dice cuando estás en modo sobrio y enfocado, como si fueras un agente secreto con objetivo claro. Suele salir cuando vas con la banda pero decidís no tomar, ya sea porque manejás, entrenás mañana o simplemente querés llegar entero. Es una forma canchera de avisar: hoy no me tiento, hoy cumplo.
Blanquear el vino
En Mendoza se dice cuando le metés soda o gaseosa al vino, casi siempre al tinto, para bajarle la intensidad y que entre más suave. Es el truco clásico para estirar la botella, aguantar el asado sin quedar dado vuelta y tomar tranqui. A algunos les parece sacrilegio, pero en verano se agradece.
Está para el daño
Se dice cuando alguien está tan arreglado y tan fachero que parece peligroso, como que va a romper corazones o armar quilombo solo con aparecer. No es que haga daño literal, es puro piropo con picardía mendocina. Ideal para cuando alguien llega a la juntada y se roba todas las miradas.
Quedar a tomar unos vinos
Se dice cuando arreglás para juntarte con alguien a tomar vino, charlar y ponerse al día, normalmente tranqui y sin tanta vuelta. En Mendoza suena todavía más natural porque el vino está en todos lados y cualquier excusa vale. Es el plan simple que termina en risas, anécdotas y otro vasito más.
Estás hecho un mostro
Se usa para decir que alguien es muy bueno en algo, que la rompe toda y deja a todo el mundo con la boca abierta. Es como llamarle genio, pero con sabor bien mendocino y un toque de exageración cariñosa. No hace falta ningún superhéroe cuando tenés a alguien así en tu equipo, posta que da gusto verlo.
Colgarse de la percha
En Mendoza se dice colgarse de la percha cuando alguien se agranda mal, se hace el importante o dramatiza todo como si fuera protagonista de novela turca. Es el típico que exagera anécdotas, se cuelga medallas que no son suyas o arma un show por pavadas. Y hay que admitir que, visto de afuera, a veces es bastante divertido.
Llegar a pleno
Se dice cuando alguien aparece en un plan con todo: en su mejor momento, con energía, actitud y ganas de romperla. Es como llegar encendido, bien arriba, listo para la joda o para rendir a full. En Mendoza se escucha bastante y queda perfecto para describir a ese que cae y levanta el ambiente al toque.
Andar hecho una lámpara
Se usa para decir que alguien está pasadísimo de energía, re inquieto, como si lo hubieran enchufado directo al enchufe y no pudiera parar un segundo. Suele aparecer cuando alguien tomó demasiado café, está nervioso por algo o anda acelerado sin motivo claro. Es una forma medio graciosa de remarcar que la persona está a mil.
Estar a tiro de mate
Expresión bien cuyana para decir que algo queda cerquísima, a un paso, como quien dice “a tiro de piedra” pero con mate en mano. Se usa para ubicar un lugar o a alguien sin drama, en plan: no hace falta ni arrancar el auto. Suena re de Mendoza y queda perfecta en charla de barrio.
Seguir la joda
Se usa cuando la noche está tan encendida que nadie quiere cortar la movida y todos deciden seguirla hasta que el cuerpo diga basta. Puede ser quedarse en la misma fiesta, irse de after o terminar desayunando medialunas a las 9 de la mañana. Es muy mendocina y muy argentina, y hay que admitir que tiene una energía hermosa.
Quesudo
En Mendoza se le dice a alguien quesudo cuando se pone mandón, pesado y quiere manejar todo como si fuera el jefe del grupo. Es el típico que reparte órdenes, decide por todos y se cree el director técnico sin que nadie lo haya nombrado. Va con tono de cargada, medio en broma, medio en serio.
Callejero
Se usa para hablar de alguien que vive en la calle metafóricamente, que siempre anda dando vueltas por el barrio, charlando con todo el mundo y metido en mil planes. No es que sea vagabundo, es más bien sociable, fiestero y cero casero. El típico que conoce a medio mundo y siempre tiene algún chisme fresco que contar.
Estar al plato
En Mendoza se dice estar al plato cuando alguien está listo para algo, bien preparado y con todas las pilas puestas. Es como decir que ya estás en el punto justo para arrancar, sin dudas ni vueltas raras. Suena a que ya nada te frena y que si no salen las cosas es porque los demás se colgaron, no vos.
Mandarse la parte
Se dice cuando alguien se agranda y se pone a presumir de algo, como si fuera la gran cosa. Es el típico que se la cree, se vende como crack y no para de tirarse flores. En Mendoza se usa mucho para pinchar al que está re pesado con el autobombo. Y sí, da un poquito de vergüencita ajena.
Porfiado
En Mendoza, decir que alguien es porfiado es llamarlo terco, cabezadura, de los que se emperran y siguen insistiendo aunque ya quedó clarito que no va a funcionar. Se usa para el asado, para el laburo y para la vida en general. A veces es admirable, pero muchas veces es puro porfiar al pedo.
Cacho
En Mendoza se usa cacho para hablar de algo muy grande, exagerado o que se fue al carajo en tamaño o intensidad. Puede ser un cacho de montaña, un cacho de hambre o un cacho de quilombo. Es como remarcar que algo no es normalito, sino que se pasó de rosca, y la verdad es que suena bastante pintoresco.
Estar en el horno
En Mendoza se dice estar en el horno cuando estás metido en un lío grande, complicado y con pocas chances de zafar. Es como sentir que la cosa ya se re pasó de punto y que no hay forma fácil de arreglarla. Suena gracioso, pero cuando lo decís de verdad es porque estás hasta las manos, mal.
Estar fija
En Mendoza se dice estar fija cuando alguien está en una relación seria, estable y con pinta de ir para largo. No es un touch and go ni un chongueo random, es ya casi nivel suegros y domingos de pastas. Se usa mucho para hablar de la amiga que ya no sale tanto porque está re enganchada con su pareja.
¡Pucha!
Interjección bien argentina para soltar cuando algo sale mal, te da bronca o te sorprende, pero sin largar una puteada fuerte. Es como decir “caramba” o “qué macana”, con tono de resignación y un toque de humor. En Mendoza la vas a escuchar en la calle, en la casa y hasta en la fila de la panadería.
Salado
En Mendoza se usa salado para decir que algo está muy difícil, intenso o complicado, de esos momentos que te dejan medio paspado y sin ganas de nada. También se aplica a la gente que vive de una mala en otra, como si tuvieran una nube negra encima. Es medio dramático, pero hay que admitir que tiene su gracia cuando se usa bien.
Andar de joda
Se dice cuando estás de fiesta o de parranda, saliendo con la banda a tomar algo, bailar y hacer quilombo del bueno. Es plan nocturno, risas y cero responsabilidades, aunque al otro día te pase factura. En Argentina se usa un montón, y en Mendoza va perfecto para hablar del boliche y la previa.
Chiquicóptero
Se usa para hablar del pibe chico que no para un segundo, va de acá para allá como helicóptero en miniatura, metiendo la nariz en todo y preguntando mil cosas. Es ese enano hiperactivo que te agota solo de verlo, pero igual te causa ternura y te saca una sonrisa porque es un personaje total.
Estar hecho una flor de zapallo
Expresión mendocina que se usa para decir que alguien está muy distraído, medio ido o colgado, como si viviera en su propio mundo. También puede sonar a que está medio lento para reaccionar, todo atontado. Es de esas frases de abuela que te sueltan con cariño, aunque te estén bardeando un poquito.
Estar al horno con papas
Se dice cuando estás hasta las manos, en un quilombo o directamente fuiste: una situación complicada, sin salida fácil, como si ya te hubieran metido al horno y encima con guarnición. Vale para problemas grandes o cagadas cotidianas. Muy de Argentina, y en Mendoza se escucha un montón. Duele, pero tiene su gracia.