Expresión muy típica para soltar frustración suave cuando algo sale mal, pero tampoco es como para tirarse de los pelos. Es como un quejido resignado, un suspiro hecho palabra, bien chileno y bien sufrido. Sirve para cuando la vida pega un combo chico, de esos que molestan caleta pero no te derrumban. Y hay que admitir que suena hasta tierno.
Interjección bien común en el sur del Perú para soltar sorpresa, fastidio leve o admiración, según el tono. Viene a ser un "caray" o "pucha madre" recortado, pero más de calle. La sueltas cuando algo te deja loco, te sale mal o te pillan en curva. Suena fuertecito, pero es bastante cotidiana.
Interjección bien del norte argentino para soltar cuando algo te sorprende, te da bronca o te deja medio bajón. Es como decir vaya, caramba o pucha, qué macana, pero más cortito y con tonito jujeño. Suele ser bastante suave, aunque a veces reemplaza una puteada para no irse al pasto.
Interjección muy de Santa Cruz que sirve para soltar sorpresa, enojo suave, frustración o hasta pena, según el tono. Es como decir caramba o pucha pues, pero con sabor cruceño. La tirás cuando algo te agarra de imprevisto o cuando te sale todo al revés. Y sí, es un comodín que salva conversaciones.
Interjección bien argentina para soltar cuando algo sale mal, te da bronca o te sorprende, pero sin largar una puteada fuerte. Es como decir “caramba” o “qué macana”, con tono de resignación y un toque de humor. En Mendoza la vas a escuchar en la calle, en la casa y hasta en la fila de la panadería.
Interjección muy usada en Junín para soltar sorpresa, fastidio, pena o resignación cuando algo sale mal o te agarra de imprevisto. Es como un quejido suave, menos grosero que otras palabrotas, pero igual de expresivo. Sirve para todo, desde perder el micro hasta quemar el arroz, y la verdad es que se escapa sola.
Interjección bien rioplatense para soltar cuando algo te sale mal, te cae una mala noticia o te das cuenta de una metida de pata. Es como decir "pucha, qué macana" pero más cortito y con resignación. No es súper grosera, pero tiene ese toque de frustración que te sale solo.