Adjetivo para describir a alguien que se siente la última rebanada de queso del súper, bien creído y con aires de grandeza. Es el típico vato que presume todo y se mira al espejo hasta para ir por las tortillas. No siempre es mala onda, pero sí da risa lo agrandado que anda.
En Mendoza se le dice a alguien quesudo cuando se pone mandón, pesado y quiere manejar todo como si fuera el jefe del grupo. Es el típico que reparte órdenes, decide por todos y se cree el director técnico sin que nadie lo haya nombrado. Va con tono de cargada, medio en broma, medio en serio.
En la Costa, sobre todo en Atlántico, se le dice quesudo al que llega agrandado, presumiendo y echándoselas de la gran cosa, aunque en el fondo no tenga con qué sostener el show. Es como andar de alardoso, pero con ese toque costeño de burla. Sirve para bajarle el humo a cualquiera.
En Nicaragua se le dice quesudo a alguien que es bien vivo, mañoso y oportunista, de esos que siempre encuentran cómo sacar ventaja o salirse con la suya. No es exactamente un halago, suena a que la persona es medio aprovechada. Y sí, tiene su gracia porque parece que habláramos de queso, pero es pura picardía.
En Mérida y por Yucatán se le dice a alguien quesudo cuando anda bien sacado de onda, nervioso o miedoso, como si cualquier cosa lo fuera a espantar. Es ese compa que vive en modo alerta y se paniquea por nada. Suena chistoso, pero se usa en serio para decir que alguien está bien asustadizo.