Se dice cuando alguien se pone a soltarte un discurso larguísimo y pesado, normalmente de algo que te da bastante igual, y tú te quedas ahí por educación aguantando el chaparrón. Vamos, que te comen la oreja con un monólogo infinito y sin pausa. Muy de Madrid y muy de supervivencia social.
Se usa cuando alguien se pone pesadito hablando sin parar de lo mismo y te taladra la cabeza con el tema. Es como insistir y dar la brasa con historias, dramas o teorías que ya no te interesan nada. Vamos, que la persona no capta la indirecta de que ya estás aburrido y quieres huir.