En Apurímac se usa para describir a la persona terca que no entra en razón ni a palos, aunque le expliques las cosas con dibujitos y paciencia de santo. Es medio cariñoso, medio regañón, como decirle cabezón con amor. Sirve para ese pata que siempre hace lo que le da la gana aunque ya la haya cagado antes.
En Puerto Rico se usa para describir a alguien bien terco, que se emperra con su idea y no la suelta ni aunque vea que está metiendo la pata. Discute por deporte, le encanta llevar la contraria y se queda pegado en lo mismo. Es como decir cabezón, pero con más sabor boricua y un poquito de drama extra.
En Santiago del Estero, porfiado es el terco de manual, el que se emperra y no afloja ni aunque le muestres pruebas con dibujitos. Insiste, discute y vuelve a insistir, convencido de que tiene razón sí o sí. Puede sonar medio en broma o medio en reto, según el tono. Y sí, a veces da risa de lo cabezón.
Se le dice a alguien que es terco de narices, que se emperra en su idea y no hay manera de bajarlo del burro. Insiste, insiste y al final te cansas tú antes que él. En Barcelona suena un pelín viejuno, pero se entiende perfecto y queda fino para soltarlo con retranca.
En Mendoza, decir que alguien es porfiado es llamarlo terco, cabezadura, de los que se emperran y siguen insistiendo aunque ya quedó clarito que no va a funcionar. Se usa para el asado, para el laburo y para la vida en general. A veces es admirable, pero muchas veces es puro porfiar al pedo.
En Valencia se le dice porfiado a quien es terco y cabezón, el típico que se emperra en hacerlo a su manera aunque le digas veinte veces que así no toca. No siempre es insulto, a veces es medio en broma, pero lleva ese puntito de cabezonería. Vamos, que si se le mete algo en la cabeza, no hay quien lo saque.
En Tenerife, decir que alguien es porfiado es llamarlo terco, cabezota, de los que se emperran y no hay quien los saque de ahí. Insiste aunque le estén diciendo por activa y por pasiva que no, y encima se pica si le llevas la contraria. Vamos, que si se le mete algo en la cabeza, ya puedes sentarte.
En Montevideo se le dice porfiado al que se emperra con una idea y no hay forma de moverlo, aunque le muestres pruebas, le expliques con calma o le caiga la realidad en la cara. Es terco, cabezón, insistente. A veces da bronca, pero otras te da risa porque no afloja ni a palos.
En el Chaco, porfiado es el terco de manual, el que se emperra y no afloja ni aunque le muestres pruebas, le ruegues o se le venga el mundo encima. Insiste, discute y vuelve a intentar como si fuera deporte. No siempre es mala onda, a veces es pura cabeza dura. Y sí, cansa, pero tiene su encanto.
En La Paz, porfiado es el terco de manual, el que se emperra y no cambia de idea ni aunque le falte el aire por el soroche. Se usa para alguien insistente, cabezota y medio necio, pero a veces con cariño, como diciendo este no afloja ni a palos. Y sí, suele dar risa verlo tan seguro.