Se usa para hablar de alguien que anda bien emocionado, alegre y medio presumido, como si trajera foco integrado en la frente. Es esa banda que va caminando inflada de gusto, luciéndose por algo que le salió chido. No siempre es mala onda, pero sí trae un toque de burla cariñosa, como de bájale dos rayitas al brillo.
Se dice de alguien que va por la vida agrandado, canchero y medio sobreactuado, como si estuviera desfilando en una alfombra roja. No es que brille de verdad, es actitud: pecho inflado, mirada de ganador y cero vergüenza. En Buenos Aires suele sonar a cargada, tipo: bajá un cambio, campeón.
Se dice de alguien que va llamando la atención por ir demasiado brillante o chillón, normalmente por ropa fosforita, lentejuelas o colores que te dejan ciego. No es que esté feliz ni que le vaya todo de lujo, es que parece un rotulador fluorescente con patas. En Sevilla pega mucho en feria o de fiesta.
Se dice de alguien que, con una o dos cheves encima, se pone bien sobrado y confiado, como si fuera el mero mero del lugar. Empieza a hablar fuerte, a tirar verbo y a creerse galán, aunque nomás traiga el calor de la cerveza. No siempre es mala onda, pero sí da pena ajena y risa a la vez.
Expresión que se usa cuando alguien anda luciéndose demasiado, como pavo real en desfile.