Se usa cuando alguien habla y habla, mete mil palabras y al final no dice nada claro. Todo suena desordenado, confuso, como si hubiera tirado una sopa de letras al aire. Ideal para cuando un amigo se hace el experto y termina mareando la perdiz. Y hay que admitir que la imagen es bastante graciosa.
En Caldas se usa para rajar de un discurso enredado, lleno de palabras que no dicen nada claro. Es cuando alguien habla y habla, mezcla temas, se va por las ramas y al final uno queda igual de perdido. Es como escuchar a un político medio dormido, mucha sopa y pocas letras útiles, pero con su gracia.
En Bogotá se usa para hablar del enredo mental que da cuando alguien suelta mil siglas, abreviaturas o tecnicismos y uno no pilla nada. La cabeza queda hecha un revoltijo de ideas, como si todo estuviera mezclado y sin orden. Es como decir que quedaste perdido, confundido y con la mente hecha trizas, pero con saborcito criollo.
Se usa para decir que algo es tan confuso que parece un plato de sopa de letras tirado al azar. Puede ser una conversación, un texto o hasta un grupo de WhatsApp donde todos hablan a la vez y nadie entiende nada. Es como mirar muchas palabras juntas sin orden y pensar que tu cerebro se fue a tomar mate.