Se le dice a alguien que es terco a más no poder, de esos que no cambian de idea ni aunque les muestres el mapa, el GPS y un cartel luminoso. Es testarudez pura, medio absurda, como si en vez de cerebro tuviera un termo bien cerrado. Se usa mucho para retar en confianza, con bronca o en chiste.
"Le expliqué mil veces cómo llegar y hasta le mandé la ubicación, pero es un cabeza de termo: dobló para cualquier lado igual y cayó en Lanús."