Se dice de alguien que está medio chiflado o acelerado, como si tuviera la cabeza a mil y no midiera mucho lo que hace. Puede ser por emoción, por nervios o porque es así de personaje. En Buenos Aires suena bien de barrio, entre cargada y preocupación. No es diagnóstico, es comentario con picante.

"El Nico está loco de la bola, boludo: ayer se anotó en crossfit, compró una bici fija y juró que hoy arranca dieta. A la noche ya estaba clavándose una pizza en la vereda."

Se dice de alguien que está muy chiflado o que hace cosas rarísimas, como si tuviera la cabeza en otra galaxia. No es que esté mal de verdad, suele ir en plan broma para señalar que alguien se pasa de excéntrico o impredecible. En Barcelona lo oyes con colegas cuando alguien la lía con ideas loquísimas.

"Tío, el Dani está loco de la bola, se ha plantado en el bar con un ukelele y dice que hoy paga en cromos del Barça."

Se dice cuando alguien está loquísimo, acelerado o fuera de sí, como si le hubieran dado cuerda. Puede ser por café, por nervios o porque el día se le ha ido de las manos. En Valencia se suelta mucho para exagerar que alguien no para quieto o está diciendo mil cosas a la vez. Y sí, suena a película.

"Con dos cafés y el WhatsApp echando humo, Joaquín iba loco de la bola, hablando a mil por hora y ordenando el garaje como si fuera la final de la Champions."

Se dice de alguien que está como una cabra, que va a su bola y suelta ideas rarísimas. No siempre es insulto, a veces es hasta con cariño, rollo: este tío está fatal pero me cae bien. Muy de cuadrilla para describir al colega que convierte cualquier plan normal en un circo.

"Aitor está loco de la bola, tronco: íbamos a echar un mus tranquilo y acabó montando un torneo con reglas nuevas y castigos de cantar el himno del Athletic."

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