Se dice cuando te vas a pegar una dormida pesada y sabrosa, de esas que caes rendido y no te despierta ni el vecino con la música a todo taco. Suele ser después de un día matador, caminata, rumba o camello duro. Es como anunciar: hoy no existo, me desconecto y chao.
"Parce, después de subir Monserrate y quedar vuelto nada, llego a la casa, me tiro en la cama y me echo un motoso hasta que me dé hambre."