Se dice cuando te pegas una siesta de las que te dejan nuevo, de sueño profundo y sin enterarte de nada. Es ese cabezazo serio, de después de comer bien, que te apaga el cuerpo y te desconecta del mundo. Vamos, que si se cae la casa, tú sigues roncando tan pancho.
"Me metí entre pecho y espalda una caldereta y, al tumbarme, eché una moza del quince. Mi madre gritándome y yo tieso, como si nada."