Se usa para hablar del vato que se siente la última Coca del desierto, que quiere trato especial y todo fácil sin esforzarse nada. Es como un príncipe de cuento pero versión floja y medio mamona. Normalmente se dice medio en burla, para bajarle tantito el ego al compa que ya se voló la barda.

"No manches, el Kevin bien princeso, llegó tarde, no ayudó en nada y todavía quería que le sirviéramos la carne asada en la mano."

Se dice del chaval que va de “princesa” pero en versión macho, con drama, exigencias y pose de telenovela. Todo le ofende, todo le parece un mundo y necesita atención constante, como si el universo le debiera un final feliz. Se usa para vacilarle cuando se pone intenso o delicadito. Y sí, suele ser bastante cansino.

"Javi está hecho un princeso, se tiró media hora quejándose porque el café no le salía con la espuma “aesthetic” y casi pide hoja de reclamaciones."

Se dice del tío que va de romántico intenso, como si fuera un príncipe, pero en versión pesada. Se monta películas de amor platónico, suelta poemas dramáticos y frases de calendario, y cree que eso enamora. Mientras tanto, lo que la otra persona quería era un buenos días normalito y un poco de realidad. Tiene su puntito, pero cansa.

"El Dani es un princeso nivel Málaga: le soltó a la chavala un poema de galaxias y ojazos, y ni se acordó de decirle enhorabuena por la opo, vaya tela."

Se le dice a un chabón que se hace el delicado o el importante, como si fuera una princesa, y usa eso de excusa para no mover un dedo. Todo le da fiaca, todo le parece un drama y siempre está con vueltas para lo más básico. Es medio cargada, medio burla, y bastante porteña.

"Dale, Martín, dejá Spotify y lavá los platos. Sos re princeso, te pasás veinte minutos eligiendo tema para barrer y después decís que te cansaste."

Se dice del tío que va de príncipe pero en versión cutre y flipada. Se arregla como si tuviera alfombra roja para cualquier plan, se hace mil fotos con filtros y posa como si estuviera en una sesión de moda, aunque solo vaya al polígono o a trotar por la ría. Va sobrado de postureo y se nota.

"Mira a Iker, todo princeso: mallas nuevas, gafas espejo y foto en la ría con filtro. Luego hace dos kilómetros y ya está subiendo stories como si hubiera ganado la Behobia."

Se le dice al colega que va de exquisito y se cree un príncipe, pero en versión quejica. Nada le parece suficiente en la fiesta, pone pegas a todo, compara garitos como si fuera jurado y encima intenta colarse o no pagar porque él “se lo merece”. Es medio broma, medio pullita, y suele ir con bastante cachondeo.

"El Edu es un princeso: entró al garito poniendo pegas, que si la música floja, que si las copas caras, y encima quería pasar sin pagar porque él tiene coronita."

Se usa para hablar de un mae que se cuida un montón, es delicadito para todo y se cree medio realeza. Siempre anda con sus cremitas, ropa de marca y mil rituales antes de salir. No es insulto mortal, pero sí lleva su vacilón, como diciendo que es demasiado exquisito para la vida normal.

"Mae, vea a ese princeso, Manuel no sale ni a la pulpe sin alisarse el pelo, echarse perfume caro y ponerse los tenis más limpios que tiene."

Se le dice a un chico que va de fino y delicado, pero en plan exagerado, como si fuera una princesa con corona. Se queja por todo, pide trato especial y monta drama si algo no le cuadra. Es una forma de vacilarlo por ser tiquismiquis o demasiado intenso. Cariñosa o con mala leche, según el tono.

"Fuimos a comer y el nota pidió que le cambiaran el vaso tres veces, que si el hielo, que si la servilleta. Y encima se ofendió. Menudo princeso, mi niño."

Se le dice a un tío que va de fino y delicado, como si fuera una princesa, pero en versión macho. Suele ser en plan vacile, para el que se queja de todo, pide trato VIP o se pone exquisito con tonterías. No es necesariamente insulto gordo, pero sí una pullita con guasa sevillana.

"Quillo, deja de hacerte el princeso: que si la cerveza muy fría, que si la silla coja… siéntate y tira pa’lante, que estamos en la velá."

Se dice del tío que va de delicadito y exigente, como si fuera una princesa, pero en versión macho. Espera que le hagan todo, se ofende por nada y encima se cree el protagonista. Suele usarse con cachondeo para pinchar a un colega que está en modo drama o pidiendo trato VIP sin mover un dedo.

"Mira al Dani, qué princeso: no coge el metro porque se le arruga la camisa y encima quiere que le subas el café a casa."

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