Cabo
En Bilbao, un cabo es el típico sabelotodo que va de entendido en absolutamente todo. Te suelta cátedra sobre la tortilla, el Athletic o cómo bajar del Gorbea sin despeinarse, aunque nadie le haya preguntado. No siempre lo hace con mala intención, pero acaba dando la chapa y quedándose tan ancho. Tiene su puntito, la verdad.
Prometer hasta meter
Dicho bastante bruto que se usa para señalar a quien promete de todo para conseguir lo que quiere y, en cuanto lo logra, se desentiende y desaparece. Vamos, el típico que te vende la moto con palabras bonitas y luego ni está ni se le espera. Se oye en España y encaja perfecto para rajar del caradura de turno.
Partirse el culo
Se dice cuando te ríes a lo bestia, de esas carcajadas que te dejan sin aire y con la tripa dolorida. Es bastante vulgar, sí, pero justo por eso suena tan contundente. Vale para un chiste, una caída tonta o cualquier situación que te descojona vivo.
Princeso
Se dice del tío que va de príncipe pero en versión cutre y flipada. Se arregla como si tuviera alfombra roja para cualquier plan, se hace mil fotos con filtros y posa como si estuviera en una sesión de moda, aunque solo vaya al polígono o a trotar por la ría. Va sobrado de postureo y se nota.
Leja
En Bilbao, leja es una balda o repisa, vamos, el sitio donde acabas poniendo de todo. Se usa mucho para hablar de ese rincón lleno de tazas, figuritas, plantitas y recuerdos que vas acumulando como si fueran medallas. No es insulto, pero suena a cacharreo y a casa vivida, y tiene su encanto.
Estar en el plato y en la tajada
Se dice de quien quiere estar en todo, pillar cacho de cada plan y no perderse ni una, aunque no pinte nada. Vamos, el típico que se mete en todas las conversaciones, opina de todo y encima quiere llevarse el mérito. Muy de estar a dos bandas y con hambre de protagonismo, para qué engañarnos.
Tienes cosas de bombero retirado
Se le suelta a alguien que se pone en modo abuelo cebolleta y te suelta batallitas y detalles que no le ha pedido nadie, como si hubiera visto de todo y supiera la historia de cada esquina. No es un insulto gordo, más bien una pullita con cariño para el que se enrolla demasiado. Tiene su gracia.
Carlota
En Bilbao, una carlota es ese chaparrón traicionero que aparece de la nada y te deja calado en dos segundos. Ibas tan tranquilo, con el pelo perfecto y la chaqueta mona, y de repente el cielo decide vacilarte. Se usa para quejarse con humor del tiempo bilbaíno, que cambia más que de opinión un cuñado.
Cabrón
Insulto muy común que, según el tono, puede ser desde una bronca seria hasta un piropo entre colegas. En Bilbao y alrededores se suelta mucho en la cuadrilla para llamar a alguien listo, pillo o con mala leche simpática, de esos que te la lían y encima te hacen reír. Si lo dices con mala cara, ya es otra película.
Tiricia
En Bilbao y alrededores se dice tiricia cuando te entra una especie de bajón, apatía o tristeza floja, como de estar mustio y sin ganas de nada. No es depresión clínica ni drama, es más bien ese día gris en el que te arrastras y todo te da pereza. Palabra muy de casa, y suena hasta tierna.
Estás en todas
Se le suelta a alguien que aparece en todos lados y se apunta a todo: planes, eventos, líos y hasta el after. Puede ser con admiración, con cachondeo o un poco de las dos, como diciendo: no paras, macho, siempre estás ahí. En Bilbao encaja perfecto para el colega que no se pierde ni una del Athletic.
Pico y pala
Se dice cuando alguien está a pico y pala, o sea, currando duro y constante, sin postureo y sin atajos. Viene de la idea de picar piedra, trabajo de pico y pala literal. En Bilbao y por Euskadi se usa mucho para hablar de esfuerzo de verdad, del de sudar la camiseta y tirar pa’lante aunque sea pesado.
mandilón
Se dice del tío que está tan pillado o tan dominado por su pareja que hace lo que le manden, a veces hasta con orgullo. Viene de llevar el mandil, como de estar en casa o a las órdenes. Puede ser medio en broma, medio con pullita. En Bilbao suena a vacile fino, la verdad.
Ir a lo que voy
Se dice cuando vas al grano y no te andas con rodeos: entras, haces lo tuyo y listo. Es como decir que tienes claro el objetivo y no te distraes con charlas, excusas ni historias. Vale para curro, recados o ligar. No va de colarse en colas, va de ser práctico y directo.
Ir hecho la pierna
Se dice de alguien que va por la vida crecidito, con chulería y seguridad de sobra, como si estuviera desfilando y todo el mundo tuviera que mirarle. Suele llevar un puntito de vacile o fanfarronería, no siempre mala leche, pero sí de ir muy subido. En Bilbao suena a colega que va marcando paquete.
Estar codo
En Bilbao se dice de alguien que está agarrado con la pasta, en plan tacaño o en modo ahorro extremo. Vamos, que no suelta un euro ni aunque le pongan pintxos delante. También vale para cuando te has fundido el sueldo en una locura y luego te toca apretarte el cinturón a muerte. Muy humano, la verdad.
Tener el azúcar bajo
Se dice cuando alguien va con una pájara de manual y necesita comer ya, como si le faltara gasolina. Puede ser literal, por bajón de azúcar, o una excusa dramática para arrasar la nevera sin remordimientos. En Bilbao suena a aviso serio, pero muchas veces es puro cuento para pillar pintxo doble.
Tener sangre liviana
Se dice de esa persona que parece tener una suerte absurda con los trayectos: nunca le pillan atascos, obras ni el típico follón de hora punta, vaya cuando vaya. Como si la carretera le abriera paso y el resto estuviéramos condenados a comernos el tráfico. Da una envidia fina, la verdad.
A otra cosa, mariposa
Frase hecha y con rima para cortar y pasar página: cambiar de tema, dejar una tarea o cerrar una conversación que ya no da más de sí. Se suelta cuando algo se está alargando, se pone pesado o no lleva a ningún lado. No es agresiva, pero sí marca el fin del rollo. Muy de soltarla y seguir.
Gloria bendita
Se dice cuando algo te sabe a paraíso, como un alivio brutal después de un día de líos. Puede ser una siesta, una ducha caliente, un pintxo bien puesto o llegar por fin a casa. En Bilbao también se suelta con ese puntito de orgullo del Botxo, como diciendo: esto es vida, y lo demás son tonterías.
Echar un riego
En Bilbao, echar un riego es la excusa perfecta para juntarte con la cuadrilla y caer por el txoko a regar la garganta a base de sidra, zuritos o lo que toque. No va de plantas, va de socializar, comer algo rico y soltar las penas de la semana entre risas. Plan sencillo, pero sagrado.
Estar sembrao
En Bilbao se dice que alguien está sembrao cuando va sobradísimo, con una seguridad y una labia que te vende una moto sin ruedas y encima le das las gracias. Es estar inspirado, suelto, con el día de cara y soltando ocurrencias una detrás de otra. Vamos, que está on fire, pero en versión bilbaína.
¡La madre que parió a Panete!
Exclamación castiza para soltar cuando algo te deja loco, ya sea por sorpresa, cabreo o incredulidad. Es como decir ¡pero qué narices! o ¡no me lo puedo creer!, con un toque teatral y muy de soltarlo a voz en grito. Lo de Panete es puro relleno cómico, no busques al pobre.
Companaje
Palabra inventada con gracia a partir de compaña y menaje, usada para hablar del combo de pintxos, cazuelitas y rondas que se monta en el bar mientras la cuadrilla raja de fútbol. La comida acompaña, pero lo que manda es la charla, tanto que a veces ni ves el gol. Muy de poteo bilbaíno.
Te van a crujir
Se dice para avisarte de que te van a caer broncas o que te van a dar caña, ya sea con palabras o con consecuencias. Vamos, que la has liado o estás a punto de liarla y alguien te va a poner fino. En Bilbao suena muy de cuadrilla, de aviso rápido antes de que metas la pata.
El padre
En Bilbao, el padre es ese tabernero de toda la vida que parece omnipresente. Te ve entrar y ya sabe si vienes a por un zurito, un pintxo o a llorar penas. Tiene chiste para todo, conoce a medio barrio y te suelta anécdotas como si os hubierais criado juntos. Místico no, pero casi.
¡Qué morro tienes!
Se le suelta a alguien cuando tiene mucha cara, mucho descaro, o se está aprovechando de la situación sin cortarse un pelo. Vamos, que pide, exige o se cuela como si nada y encima tan pancho. Puede ir con cabreo o con cachondeo, según el tono. Y sí, a veces da hasta envidia.
¿Qué pasa con tu rollo?
Se suelta para vacilar a alguien cuando de repente se viene arriba y hace algo increíble, como si hubiera pillado un truco secreto o una pócima. Va con tono irónico y de colegueo, no es para bronca. Es ese: ¿y tú ahora de dónde sacas tanto nivel, chaval?
Pamplina
Se usa para llamar pamplina a una tontería, una chorrada o una idea sin importancia. También vale para cortar a alguien cuando se pone pesado con teorías raras o detalles que no van a ningún lado. Es como decir: deja el cuento, que eso no tiene ni pies ni cabeza. Y oye, a veces viene de lujo.
Alturaña
Se dice de quien hace una excursión facilona, sube un monte bajito y luego lo cuenta como si hubiera coronado el Everest sin oxígeno. Vamos, que exagera la hazaña a lo bestia y se viene arriba con el relato. Ideal para el colega que sube al Pagasarri y ya se cree Reinhold Messner. Tiene su puntito.
Jechura
Se dice cuando alguien se marca una excusa cutre o un pretexto tan inverosímil que canta a kilómetros, normalmente porque ya no sabe qué inventar para zafarse en el momento. Es como soltar una trola con prisas y encima mal armada. En Bilbao suena a: vale, campeón, menuda jechura te has sacado.