Se refiere a la sensación desagradable que sientes cuando escuchas un sonido que te desagrada o tocas algo que te da repelús. Es sinónimo de dentera o grima.
En México se dice tiricia cuando te agarra un bajón de flojera y desánimo, como si el cuerpo se te apagara y nomás quisieras tirarte a no hacer nada. No es solo pereza, es ese mood de apatía total que te deja sin ganas hasta de pararte por un vaso de agua. Bien dramática, pero real.
En Valencia se dice tiricia cuando te entra una flojera brutal, como un bajón de energía que te deja medio zombie. Suele salir después de comer o cuando toca currar y el cuerpo pide siesta, playa y horchata. Vamos, esa pereza pegajosa que te aplasta y te quita las ganas de todo.
En Bilbao y alrededores se dice tiricia cuando te entra una especie de bajón, apatía o tristeza floja, como de estar mustio y sin ganas de nada. No es depresión clínica ni drama, es más bien ese día gris en el que te arrastras y todo te da pereza. Palabra muy de casa, y suena hasta tierna.
En Galicia se dice cuando te entra una pereza brutal, de esas que te dejan aplatanado y sin ganas ni de mover un dedo. Suele salir con el frío, la lluvia o el cielo gris, y te empuja directo a la manta, el sofá o la cama. Vamos, la excusa perfecta para no hacer nada y encima sentirte gallego.
En Málaga se dice tiricia cuando te da un bajón de golpe, como un desmayo flojito o una flojera brutal que te deja sin ganas de nada. Suele salir cuando te sueltan un plan que te da pereza máxima o te cae una noticia chunga y te quedas blanco. No es drama médico, es puro lenguaje de calle. Y sí, da risa.
En Canarias, la tiricia es esa pereza floja y medio tristona que te entra cuando no tienes ganas de nada, como si el cuerpo se quedara sin pilas. No es depresión ni drama, es más bien un bajón de ánimo con desgana total. Suele salir en plan: hoy tengo una tiricia que ni pa’ levantarme.
En Buenos Aires, tiricia es esa fiaca con dramatismo: te agarra de golpe y te deja planchado, sin ganas de salir ni a la esquina. Es como una mezcla de pereza, bajón y cuerpo pesado, ideal para inventar excusas y cancelar planes. No es sobrenatural, pero pega tan fuerte que parece maldición.
En Sevilla se dice tiricia para esa flojera tristona, medio bajón, que te entra cuando estás sin ganas de nada. Es como una mezcla de apatía y desgana, de las que te dejan en el sofá mirando al techo. No es depresión ni drama, es más bien un “qué pereza vivir hoy”, y tiene su puntito gracioso.