En México decir que algo está padre es decir que está muy chido, muy bueno o que te encantó. Se usa para casi todo, desde una peli hasta unos tacos bien servidos. Es como un sello de aprobación informal, suena relajado y buena onda, y la neta se contagia rápido cuando lo empiezas a usar.
En Sucre se usa ¡padre! para soltar una exclamación de sorpresa, admiración o entusiasmo cuando algo está brutalmente bueno. Es como decir que algo está demasiado fino, que te dejó loco de lo bueno que está. Tiene ese saborcito caribeño que hace que hasta un simple halago suene sabroso y contagioso.
Se usa para decir que algo está buenísimo, chivísimo o que estuvo de lujo. Es como soltar un “qué genial” pero en plan coloquial y sin tanta vuelta. Ojo, también puede significar “papá”, así que el contexto manda. Si te dicen que algo estuvo padre, es que estuvo bien macizo.
En Barcelona, decir que alguien es el padre es coronarlo como el jefe del plan. El que monta la fiesta, se marca la entrada más absurda y aun así cae de pie, fresco y con carisma. No es tu papá, es el que manda sin mandar. Si encima se va antes que nadie y al día siguiente está perfecto, ya ni te cuento.
En Sevilla, decir que alguien es un padre es llamarlo colega de los buenos, el que te cuida, te cubre y te levanta el ánimo cuando estás hecho polvo. No es tu viejo, es el compadre que aparece con soluciones, un abrazo y un venga, tira pa’lante. Suena cariñoso y con puntito de admiración, muy de cuadrilla.
En Bogotá, decir que algo o alguien está padre es decir que está chévere, bacano, una nota. Se usa para aprobar un plan, una prenda, una idea o a una persona que cae bien. Ojo, no va de inventarse excusas raras, es más bien un piropo casual de buena vibra.