En Áncash se dice que alguien está codo cuando es bien tacaño, que no quiere gastar ni un sol ni aunque lo inviten los dioses. Es esa persona que siempre se hace el loco cuando toca poner para la chanchita. Básicamente, es un agarrado de primera, aunque a veces da risa ver hasta dónde llega su miseria.
En Bogotá se dice de alguien que es súper tacaño, de los que les duele el bolsillo hasta para un tinto. No es que no tenga, es que no suelta un peso ni por error y siempre busca la opción más barata. Sirve para molestar a un amigo agarrado, con cariño o con pulla, según el tono.
En Sevilla se dice de alguien que está súper seco y parco, que contesta con lo mínimo y parece que hablar le cuesta dinero. No es que sea tímido, es que va en modo ahorro total: monosílabos, gruñidos y un par de gestos, y apáñate. Ideal para describir al colega que hoy no está pa’ conversaciones.
En Bilbao se dice de alguien que está agarrado con la pasta, en plan tacaño o en modo ahorro extremo. Vamos, que no suelta un euro ni aunque le pongan pintxos delante. También vale para cuando te has fundido el sueldo en una locura y luego te toca apretarte el cinturón a muerte. Muy humano, la verdad.
Se dice de alguien bien tacaño o agarrado, de esos que no sueltan ni un peso y siempre traen pretexto para no invitar, no prestar o no cooperar. Aplica para lana, comida, favores o lo que sea. En el norte se usa un montón y suele ir con carrilla, pero sí pica tantito.
Se dice de alguien que es un agarrado de manual, de los que no sueltan un euro ni aunque les aprieten. En Valencia también se usa con retranca para hablar de quien es tan vago o tan rácano que hasta le duele gastar energía: ni moverse, ni invitar, ni arrimar el hombro. Vamos, codo nivel leyenda.