Interjección muy yucateca para llamar la atención, como decir oye, mira o eh. Se suelta al inicio de la frase para que te volteen a ver, para meter prisa o nomás por costumbre. No es insulto ni nada, es puro sabor local. Si estás en Yucatán, la vas a oír cada dos minutos.
En Bilbao, un cabo es el típico sabelotodo que va de entendido en absolutamente todo. Te suelta cátedra sobre la tortilla, el Athletic o cómo bajar del Gorbea sin despeinarse, aunque nadie le haya preguntado. No siempre lo hace con mala intención, pero acaba dando la chapa y quedándose tan ancho. Tiene su puntito, la verdad.
En Yaracuy se le dice cabo a la persona que está pendiente de todo, que se entera de cada chisme del barrio y parece tener antenas en todas partes. No necesariamente es mala vibra, pero sí es ese personaje que sabe más de tu vida que tú mismo, y hay que admitir que a veces da risa lo preciso que es.