Se usa para hablar de trabajar duro, con constancia y sin quejarse demasiado, como quien está todo el día currando en la obra. Es esa idea de esfuerzo diario, de darle sin parar hasta que las cosas salgan. No es glamuroso, pero es lo que realmente saca los proyectos adelante, aunque a veces dé una pereza tremenda.
Se dice cuando alguien está metiéndole mucha constancia y esfuerzo a algo, como laburo pesado de obra. Es la idea de darle sin parar, a puro trabajo y sacrificio, no de chusmear. En Argentina se usa para remar proyectos, estudiar, juntar guita o levantar una casa. No es glam, pero rinde.
Se dice cuando alguien está a pico y pala, o sea, currando duro y constante, sin postureo y sin atajos. Viene de la idea de picar piedra, trabajo de pico y pala literal. En Bilbao y por Euskadi se usa mucho para hablar de esfuerzo de verdad, del de sudar la camiseta y tirar pa’lante aunque sea pesado.
En Málaga, decir que vas a pico y pala es ir a currar duro, a base de esfuerzo y constancia, como el que se deja la espalda en la obra. También se suelta cuando toca tirar de paciencia y sacar algo adelante sin quejarse. No es glamuroso, pero funciona. Y cuando lo dices, suena a verdad.
En Valencia se dice pico y pala cuando alguien se pone a currar o a insistir a saco, sin parar, como si estuviera cavando una zanja. Vale para el trabajo de verdad y también para cualquier cosa que requiere constancia: estudiar, ligar, entrenar o montar un negocio. Es de esas expresiones que suenan a esfuerzo puro y duro, y funciona siempre.
En La Guaira se dice cuando alguien está metiéndole trabajo duro y constante a algo, como si estuviera cavando con pico y pala. Muy usado para hablar de conquistar a alguien: insistir, caerle, buscar la vuelta y no rendirse. Vamos, que estás en modo obrero del amor, sudando la gota gorda a ver si cae el beso.