Tabla o balda de una estantería o alacena donde se colocan cosas. Es como decir balda, pero en plan más de la terreta.

"Oye, deja los tuppers en la leja de arriba y no me llenes otra vez la encimera de trastos, que me tienes negra."

En Bilbao, leja es una balda o repisa, vamos, el sitio donde acabas poniendo de todo. Se usa mucho para hablar de ese rincón lleno de tazas, figuritas, plantitas y recuerdos que vas acumulando como si fueran medallas. No es insulto, pero suena a cacharreo y a casa vivida, y tiene su encanto.

"Julián tiene la leja del salón a reventar de tazas, imanes y una plantita medio pocha. Dice que es decoración, pero parece el mercadillo de los recuerdos, a ver quién limpia eso."

Apócope de 'fiestaleja', una reflexión post-rave mientras intentas ordenar tu mente del caos veraniego; esa temporada donde uno acumula más anécdotas, pero se queda bajo la migraña infernal en estado desacelerado.

"Después del sábado en Pacha, Marcos estaba en total leja el domingo: sólo salió de la cama para confundir su camisón de leopardo con una cortina."

En Murcia se usa leja como estantería o repisa, y de ahí sale la gracia: algo que se queda en la leja es algo aparcado, olvidado o pendiente. Aplicado a una persona, es el típico que tiene mil ideas y proyectos, pero los deja cogiendo polvo y no arranca nunca. Vamos, mucho humo y poca obra.

"El Juanjo va a montar una app, un bar y un podcast, pero al final lo deja todo en la leja y se pone a echarse una siesta, qué figura."

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