Se usa en Jalisco para decir que alguien anda triste, desanimado o sin ganas de nada, como si se le hubiera apagado el switch. Es ese compa que normalmente arma el desmadre y de repente está todo apagado, medio apachurrado. No es drama extremo, pero sí se nota que trae la pila baja y el ánimo por los suelos.
En Sevilla se dice de alguien que va hecho un cuadro, empapado o pringado, normalmente por culpa de una copa derramada, un jerezazo traicionero o el típico empujón en la Feria. También vale para quien va medio perjudicado y descompuesto, como si le hubieran pasado por encima. Vamos, que no va fino precisamente.
En Monterrey se usa para decir que alguien anda desanimado, sin ganas, medio triste o con el ánimo por los suelos. También puede sonar a que está sacado de onda o apachurrado por algo. No es tanto “tener miedo” como traer la vibra bajita, como refresco sin gas. Pasa seguido después de una regañiza o un mal día.
Se dice de alguien que se hace el canchero y el indiferente, pero por dentro está re alterado, nervioso o embobado, casi baboso. Suele salir cuando aparece la persona que le gusta y se le nota en la cara, aunque intente disimular. Es medio cargada, pero bastante porteña y efectiva.
Para referirse a alguien que, tras un drama familiar, va como alma en pena tratando de encontrar respuestas entre paellas y sablazos emocionales.
Se dice cuando alguien anda bajoneado, sin energía y medio descompuesto, como si la vida le hubiera echado un balde de agua encima. En CDMX suele sonar a cruda, desvelo o malestar, no necesariamente a estar mojado de verdad. Es ese modo zombie de caminar lento y con cara de ya no vuelvo a tomar. Y sí, da risa verlo.