Palabra muy mexicana para hablar del taxista o del chofer, sobre todo de esos que van platicando, esquivando baches y metiéndose entre los coches como si jugaran Mario Kart. Suena medio vieja escuela, pero todavía se entiende perfecto y tiene su encanto de ciudad caótica y tráfico eterno.
En Guadalajara se le dice así al vato que va manejando con la música a todo volumen, como si su carro fuera antro ambulante y el barrio su pista. No le importa si son las tres de la mañana, si hay bebés dormidos o si estás en misa. Es el DJ no invitado del tráfico. Y sí, desespera sabroso.
En Monterrey se le dice chafirete a alguien medio chafa y bien inventado, que siempre trae una excusa rarísima para justificar que llegó tarde, que no hizo la chamba o que la regó. Es el típico que convierte cualquier cosa en novela, como si el tráfico fuera una conspiración. Da risa, pero cansa.
Se le dice a la persona que va de conectada y presume de palancas, compas y “yo conozco a alguien”, pero cuando toca cumplir, se hace humo. Mucha labia, cero resultados. Es el típico que te promete el cielo, te vende el paro como seguro y al final ni te contesta el Whats. Y sí, da coraje.
En México se le dice chafirete al chofer o conductor, sobre todo cuando maneja como loco, sin cuidado y con cero paciencia. Va rebasando a lo bestia, se mete donde no cabe y te trae con el Jesús en la boca. También puede sonar medio despectivo, como de taxista o chofer medio gandalla. Y sí, da miedo.
Se le dice a alguien que se agranda y chamulla de más, inventándose hazañas o habilidades para quedar como un crack. Es el típico fantasma que promete que hace de todo, pero a la hora de la verdad no sostiene ni media. Va con tono de burla y cero respeto, pero suele dar material para reírse un rato.
En México se usa para hablar de un chofer, sobre todo de taxi o de transporte, pero con tonito despectivo. Es el típico conductor medio tronco, imprudente o que maneja como si la calle fuera pista de carreras. También puede ser el que no se sabe las rutas y va dando vueltas. Feo, sí, pero bastante común.
Se le dice al que va de muy salsa, presume que le sabe a todo y que puede arreglar cualquier cosa, pero a la hora de la hora la riega y deja el desastre. Es el típico que se avienta de mecánico, plomero y técnico a la vez, y terminas pagando doble. Da coraje, pero también da risa.
En la CDMX se le dice así al que vive de la maña y del atajo: siempre trae un plan medio chueco para sacar lana sin sudarla, se cuelga de lo que sea y se vende como emprendedor. No necesariamente es un criminal, pero sí bien colmilludo y medio huevón. De esos que siempre andan inventando.