Se dice cuando alguien se da un festín y come a lo grande, hasta quedar rodando. También vale para cuando alguien se aprovecha de una situación y saca tajada sin pena, como quien arrasa con todo lo bueno. Es bastante común y tiene ese toque de picardía que da risa, pero ojo, a veces suena a abuso.
"En la parrillada del cerro, Juan se puso las botas con la carne y las arepitas. Cuando fui por la última, ya no quedaba ni el humo. El pana quedó feliz y nosotros viendo el plato vacío."