Se dice cuando alguien está pesadísimo, sin gracia y con cero energía, como si fuera un plomo de lo lento y apagado que va. También vale para ese colega que te chupa la vida con su aburrimiento y te deja planchado. Vamos, que no está para fiestas ni para dar conversación, y se nota a kilómetros.
Se usa para decir que alguien está pesadísimo, que aburre hasta a las piedras y corta el rollo allá donde va. Puede ser porque está serio, de mala leche o dando la chapa sin parar. Vamos, que en vez de animar el ambiente lo hunde. Y hay que admitir que todos hemos sido un plomo alguna vez.