Se le dice a alguien que se lo come todo lo que pilla, sobre todo dulces, bollos y lo que haya en la mesa, con una alegría que asusta. Es medio insulto y medio piropo, según el tono. Muy de pueblo, de merienda y de fiesta, cuando uno arrasa la bandeja sin pedir perdón.
Se le dice zampabollos a la persona que come como si no hubiera mañana, que arrasa con las picadas, las garnachas, los tacos y todavía pregunta qué más hay. No es insulto pesado, es más bien burla cariñosa para el compa tragón del grupo. Y la neta, todos tenemos un zampabollos en la familia, aunque nadie lo quiera aceptar.