Golica
En Granada se dice cuando te entra un antojo fuerte, de los que no se piensan mucho. Puede ser por comida, por salir, por liarte a hacer planes o por lo que sea. Es ese impulso repentino que te pone en modo: lo quiero ya. Suena medio infantil, pero se usa un montón y tiene su puntito.
Chompa
En las cerradas noches granadinas, 'chompa' es la clásica tapa que pides para matar el gusanillo antes de un trájico botellón universitario. Suelen decírtelo con tanto acento que terminas probando hasta la boquilla del tio Pepe.
Chispero
En Granada se le dice chispero al que no puede evitar picarse y convertir cualquier plan en una competición absurda. Da igual si es subir escaleras, ver quién aguanta más picante o quién se marca el eructo más fino. Va echando chispa a lo cotidiano hasta que todo acaba en risas y piques sanos.
Capazía
En Granada, 'capazía' describe al amigo entusiasta del autocuidado que asegura empezar una vida fit y saludable cada lunes, pero la única maratón que completa es la de abrir toda caja de donuts en su camino. Predica kale pero práctica chocolate.
Ponerse como una mula
Se dice cuando alguien se pone terco a más no poder, cabezota nivel profesional, y ya no hay quien lo mueva ni con grúa. Es como atrincherarse en una idea y defenderla aunque le enseñes pruebas, vídeos y hasta un acta notarial. Muy de bronca doméstica y de barra de bar. Y sí, desespera.
Echarse un taco de ojo
Se dice cuando te quedas mirando a alguien que te parece atractivo, como dándote un gustazo con la vista. No es necesariamente babosear, más bien recrearte un poco, disfrutar del panorama y ya. Suele salir en plan de broma entre colegas, tipo: vamos a dar una vuelta y a echarnos un taco de ojo.
A otra cosa, mariposa
Frase hecha para cortar el momento y pasar página rápido. Se suelta cuando algo sale regular, hay un silencio incómodo o simplemente quieres cambiar de tema sin darle más vueltas. Es como decir: vale, ya está, seguimos con la vida. Rima tontorrona, pero funciona y te salva del apuro.
Pechá
En Granada y en media Andalucía, una pechá es una hartá, una buena cantidad de algo. Puede ser de comer, de currar, de andar o de fiesta, cuando te pegas el atracón y acabas reventado. Se usa mucho con de: pechá de reír, pechá de calor. Vamos, que te has pasado tres pueblos y lo notas.
Montar un pollo
Se dice cuando alguien arma un escándalo o un numerito, normalmente por una tontería, y lo convierte en drama público. Puede ser una bronca, una queja a gritos o un follón que llama la atención de todo el mundo. Muy de barra de bar y de vecindario, de los que te dejan con cara de ¿en serio?
Mandarse una cagada
Se dice cuando alguien la lía fuerte, mete la pata a lo grande o comete un error que deja a todo el mundo con cara de ¿pero tú qué haces, alma de cántaro? Vale para el curro, para clase o para la vida en general. No hace falta querer impresionar, con despistarte un poco ya te la has mandado.
Jartible
En Granada y, en general, por Andalucía, un jartible es alguien pesadísimo, insistente y cansino, de los que no sueltan el tema ni aunque les pagues. Te da la turra con lo suyo, repite, aprieta y te agota la paciencia. No siempre va con mala intención, pero acaba siendo un martillo pilón. Y sí, desespera.
¡Qué morro tienes!
Se suelta cuando alguien tiene mucha cara y se pasa de listo con un descaro tremendo. Vale para pedir favores sin vergüenza, colarse, regatear o soltar piropos a lo bestia y quedarse tan pancho. No es necesariamente insulto, puede ir con risa y complicidad, como diciendo: te estás flipando, pero me caes bien.
Tener treinta tacos
Se dice cuando cumples 30 años, o cuando ya te cae el peso simbólico de los treinta encima. Es una forma coloquial de hablar de la edad, con ese puntito de drama y cachondeo a la vez. Vamos, que ya no eres un chaval, pero tampoco un fósil. Y sí, de repente te preocupan las rodillas.
Ir hecho la pierna
En Granada se dice de alguien que va reventado, medio doblado o con las piernas pidiendo auxilio, normalmente después de andar un montón o de pegarse una noche larga de tapas, bares y vueltas. Vamos, que vas arrastrándote pero sigues tirando, por cabezón o por alegría. Tiene su puntito dramático y gracioso.
Estar en el plato y en la tajá
Se dice cuando alguien quiere estar a dos cosas a la vez y al final no está a ninguna. Como el que pretende seguir la conversación, enterarse del salseo y encima ir a lo suyo, y acaba perdido. Vamos, que está con el cuerpo aquí y la cabeza en Cuenca. En Granada suena muy de barra y de cachondeo.
Achilipú
Interjección granadina para celebrar que has salvado la situación por los pelos con un movimiento rápido y casi imposible. Como cuando se te cae algo y lo cazas al vuelo, o esquivas un desastre en el último segundo. Es ese mini momento de reflejos ninja que te deja con el corazón a mil. Y sí, te vienes arriba.
¡Qué arte tienes!
Se le suelta a alguien cuando tiene mucha gracia, salero y desparpajo, o cuando hace algo con un estilo que no es normal. Puede ser un piropo por ser ingenioso, por tener mano para apañar cosas o por soltar ocurrencias que levantan el ambiente. Muy del sur, y bien dicho, entra solo.
Estar como una regadera
Se dice cuando alguien está como una cabra, o sea, un poco loco, desquiciado o diciendo cosas sin sentido. Vale para el colega que va pasado, para quien se monta películas o para el que se cree un genio a las tres de la mañana. Es bastante común en España y en Granada se suelta con arte.
¡Ojú!
Interjección muy andaluza para soltar sorpresa, impresión o hasta un poquito de queja, según el tono. Vale para cuando te cuentan un cotilleo gordo, cuando ves algo fuerte o cuando algo te supera y te sale del alma. Es corta, directa y con acento, de las que levantan una conversación en un segundo.
Estar en el curso del Mohán
Se dice de alguien que, para explicar algo sencillo, se mete en un lío de vueltas, excusas y teorías rarísimas, como si siguiera un camino torcido marcado por el Mohán. Vamos, que en vez de ir al grano se pierde en su propia película y acaba justificándolo todo con historias imposibles. Tiene su puntito.
Estar en el ajo
Se dice cuando estás metido en el meollo de algo, al tanto de lo que se cuece y, muchas veces, participando. Vamos, que no estás mirando desde la barrera, estás dentro del plan, del cotilleo o del lío. En Granada también se suelta entre cañas y tapas cuando ya pillas quién manda y dónde está la gracia.
¡Quillo, te flipas!
Se suelta cuando alguien se viene arriba y se cree más de lo que es, como si por ver dos vídeos ya fuera experto. Vale para cortar el rollo a los fantasmas, a los que exageran o a quien se marca una película tremenda. Muy de calle, con ese toque andaluz de confianza y vacile.
Guaro
En Granada, un guaro es el típico espabilado con cara dura simpática que se busca la vida para colarse, pillar algo gratis o apañarse sin soltar un euro. No siempre va con mala intención, a veces hasta te salva el plan con su labia y su desparpajo. Vamos, un superviviente social con arte.