Golica

En Granada se dice cuando te entra un antojo fuerte, de los que no se piensan mucho. Puede ser por comida, por salir, por liarte a hacer planes o por lo que sea. Es ese impulso repentino que te pone en modo: lo quiero ya. Suena medio infantil, pero se usa un montón y tiene su puntito.

"Vi un reel de espetos y me entró una golica que flipas, así que avisa a la peña y nos plantamos en la playa esta tarde, aunque sea a la carrera."

Chompa

En las cerradas noches granadinas, 'chompa' es la clásica tapa que pides para matar el gusanillo antes de un trájico botellón universitario. Suelen decírtelo con tanto acento que terminas probando hasta la boquilla del tio Pepe.

"Salimos a dar unas vuelticas por Albaicín y al final, pingoneando, caímos en un bareto donde me zamparon una chompa gourmet con calamarcitos fritos."

Chispero

En Granada se le dice chispero al que no puede evitar picarse y convertir cualquier plan en una competición absurda. Da igual si es subir escaleras, ver quién aguanta más picante o quién se marca el eructo más fino. Va echando chispa a lo cotidiano hasta que todo acaba en risas y piques sanos.

"Con Javier no hay merienda tranquila: te convierte la torrija en prueba olímpica, la paella en duelo de cucharones y hasta el paseo al kiosco en carrera. Vaya chispero, siempre buscando pique."

Capazía

En Granada, 'capazía' describe al amigo entusiasta del autocuidado que asegura empezar una vida fit y saludable cada lunes, pero la única maratón que completa es la de abrir toda caja de donuts en su camino. Predica kale pero práctica chocolate.

"Carla decidió que iba a ser yogui y las infusiones serían su nuevo mejor amigo... hasta la noche en que desaparecieron diez churros. ¡Esa capazía sigue viajando por el triángulo místico Madrid-Barbacoa-Sofá!"

Ponerse como una mula

Se dice cuando alguien se pone terco a más no poder, cabezota nivel profesional, y ya no hay quien lo mueva ni con grúa. Es como atrincherarse en una idea y defenderla aunque le enseñes pruebas, vídeos y hasta un acta notarial. Muy de bronca doméstica y de barra de bar. Y sí, desespera.

"Le dije que su suegra tenía razón con lo de la paella y se puso como una mula, ni con dos cervezas y un “ea, ya está” hubo forma de bajarlo del burro."

Echarse un taco de ojo

Se dice cuando te quedas mirando a alguien que te parece atractivo, como dándote un gustazo con la vista. No es necesariamente babosear, más bien recrearte un poco, disfrutar del panorama y ya. Suele salir en plan de broma entre colegas, tipo: vamos a dar una vuelta y a echarnos un taco de ojo.

"Nos fuimos de tapas por el Realejo y, entre tanta terracita y gente guapa, acabé echándome un taco de ojo que ni disimulé con la Alhambra de fondo."

A otra cosa, mariposa

Frase hecha para cortar el momento y pasar página rápido. Se suelta cuando algo sale regular, hay un silencio incómodo o simplemente quieres cambiar de tema sin darle más vueltas. Es como decir: vale, ya está, seguimos con la vida. Rima tontorrona, pero funciona y te salva del apuro.

"Se me cayó la bandeja en el bar y quedó todo el mundo mirando. Me sacudí, solté A otra cosa, mariposa y pedí otra ronda, que aquí no ha pasado na."

Pechá

En Granada y en media Andalucía, una pechá es una hartá, una buena cantidad de algo. Puede ser de comer, de currar, de andar o de fiesta, cuando te pegas el atracón y acabas reventado. Se usa mucho con de: pechá de reír, pechá de calor. Vamos, que te has pasado tres pueblos y lo notas.

"Íbamos a tomar una y pa casa, pero nos liamos en el Sacromonte y nos pegamos una pechá de fiesta que acabé desayunando churros con gafas de sol."

Montar un pollo

Se dice cuando alguien arma un escándalo o un numerito, normalmente por una tontería, y lo convierte en drama público. Puede ser una bronca, una queja a gritos o un follón que llama la atención de todo el mundo. Muy de barra de bar y de vecindario, de los que te dejan con cara de ¿en serio?

"En el bar le dijeron que no quedaba tapa de callos y montó un pollo que se giró hasta el camarero de la terraza de al lado."

Mandarse una cagada

Se dice cuando alguien la lía fuerte, mete la pata a lo grande o comete un error que deja a todo el mundo con cara de ¿pero tú qué haces, alma de cántaro? Vale para el curro, para clase o para la vida en general. No hace falta querer impresionar, con despistarte un poco ya te la has mandado.

"Íbamos finísimos con la presentación y, en la última diapositiva, Pepe se mandó una cagada y puso el vídeo del botellón. El profe se quedó tieso y nosotros tragando saliva."

Jartible

En Granada y, en general, por Andalucía, un jartible es alguien pesadísimo, insistente y cansino, de los que no sueltan el tema ni aunque les pagues. Te da la turra con lo suyo, repite, aprieta y te agota la paciencia. No siempre va con mala intención, pero acaba siendo un martillo pilón. Y sí, desespera.

"Marta es jartible, fui a verla un rato y salí con un tupper de setas eco, tres recetas y la chapa de que el súper nos envenena."

¡Qué morro tienes!

Se suelta cuando alguien tiene mucha cara y se pasa de listo con un descaro tremendo. Vale para pedir favores sin vergüenza, colarse, regatear o soltar piropos a lo bestia y quedarse tan pancho. No es necesariamente insulto, puede ir con risa y complicidad, como diciendo: te estás flipando, pero me caes bien.

"El nota me soltó que mi sonrisa alumbraba media Granada y acto seguido me pidió el Insta. Yo me reí y le dije: qué morro tienes, picha."

Tener treinta tacos

Se dice cuando cumples 30 años, o cuando ya te cae el peso simbólico de los treinta encima. Es una forma coloquial de hablar de la edad, con ese puntito de drama y cachondeo a la vez. Vamos, que ya no eres un chaval, pero tampoco un fósil. Y sí, de repente te preocupan las rodillas.

"Tengo treinta tacos y ya me emociono con una oferta de ibuprofeno, luego me voy de tapas y digo que mañana me recojo temprano. Mentira."

Ir hecho la pierna

En Granada se dice de alguien que va reventado, medio doblado o con las piernas pidiendo auxilio, normalmente después de andar un montón o de pegarse una noche larga de tapas, bares y vueltas. Vamos, que vas arrastrándote pero sigues tirando, por cabezón o por alegría. Tiene su puntito dramático y gracioso.

"Nos hicimos la ruta de tapas, subimos al Albaicín y acabé yendo hecho la pierna, pero aún me dio para otra ronda en Plaza Nueva."

Estar en el plato y en la tajá

Se dice cuando alguien quiere estar a dos cosas a la vez y al final no está a ninguna. Como el que pretende seguir la conversación, enterarse del salseo y encima ir a lo suyo, y acaba perdido. Vamos, que está con el cuerpo aquí y la cabeza en Cuenca. En Granada suena muy de barra y de cachondeo.

"El Dani estaba en el plato y en la tajá: decía que sí a todo en la reunión, pero no soltaba el móvil y luego preguntó quién era el jefe, vaya tela."

Achilipú

Interjección granadina para celebrar que has salvado la situación por los pelos con un movimiento rápido y casi imposible. Como cuando se te cae algo y lo cazas al vuelo, o esquivas un desastre en el último segundo. Es ese mini momento de reflejos ninja que te deja con el corazón a mil. Y sí, te vienes arriba.

"Se me iba el móvil directo al suelo, metí el pie como si fuera fútbol sala y lo paré en seco. Mi colega flipando y yo: Achilipú, hoy no pago pantalla, miarma."

¡Qué arte tienes!

Se le suelta a alguien cuando tiene mucha gracia, salero y desparpajo, o cuando hace algo con un estilo que no es normal. Puede ser un piropo por ser ingenioso, por tener mano para apañar cosas o por soltar ocurrencias que levantan el ambiente. Muy del sur, y bien dicho, entra solo.

"Íbamos a por un cafelillo y acabamos cantando en el bar con palmas y tó. Paqui, ¡qué arte tienes, miarma, si conviertes un martes soso en feria!"

Estar como una regadera

Se dice cuando alguien está como una cabra, o sea, un poco loco, desquiciado o diciendo cosas sin sentido. Vale para el colega que va pasado, para quien se monta películas o para el que se cree un genio a las tres de la mañana. Es bastante común en España y en Granada se suelta con arte.

"Rocío salió del botellón diciendo que las palomas de Plaza Nueva le mandaban señales y que el gato del vecino era Einstein. Le dimos un kebab y agua, pero nada: esa tía está como una regadera."

¡Ojú!

Interjección muy andaluza para soltar sorpresa, impresión o hasta un poquito de queja, según el tono. Vale para cuando te cuentan un cotilleo gordo, cuando ves algo fuerte o cuando algo te supera y te sale del alma. Es corta, directa y con acento, de las que levantan una conversación en un segundo.

"Estábamos en el café y Carmela soltó lo del lío de la Lola con el repartidor. Yo miré al personal y solté: ¡Ojú!, aquí hay telenovela pa rato, miarma."

Estar en el curso del Mohán

Se dice de alguien que, para explicar algo sencillo, se mete en un lío de vueltas, excusas y teorías rarísimas, como si siguiera un camino torcido marcado por el Mohán. Vamos, que en vez de ir al grano se pierde en su propia película y acaba justificándolo todo con historias imposibles. Tiene su puntito.

"Le pregunté a Juan por qué llegó tarde y empezó con el tráfico, siguió con Mercurio retrógrado y acabó culpando a las lechuzas. Vamos, que está en el curso del Mohán."

Estar en el ajo

Se dice cuando estás metido en el meollo de algo, al tanto de lo que se cuece y, muchas veces, participando. Vamos, que no estás mirando desde la barrera, estás dentro del plan, del cotilleo o del lío. En Granada también se suelta entre cañas y tapas cuando ya pillas quién manda y dónde está la gracia.

"Nos colamos en el bar de la esquina y el camarero ya nos guiñó el ojo: tú tranquilo, que aquí estamos en el ajo, caña en mano y tapa que no falla."

¡Quillo, te flipas!

Se suelta cuando alguien se viene arriba y se cree más de lo que es, como si por ver dos vídeos ya fuera experto. Vale para cortar el rollo a los fantasmas, a los que exageran o a quien se marca una película tremenda. Muy de calle, con ese toque andaluz de confianza y vacile.

"¿Que vas a montar un gastrobar porque te salió un huevo frito decente? Venga ya, quillo, te flipas, si ayer quemaste hasta las tostadas y encima lo subiste a Instagram."

Guaro

En Granada, un guaro es el típico espabilado con cara dura simpática que se busca la vida para colarse, pillar algo gratis o apañarse sin soltar un euro. No siempre va con mala intención, a veces hasta te salva el plan con su labia y su desparpajo. Vamos, un superviviente social con arte.

"El Dani es un guaro de manual, se coló en el concierto con una pulsera del año pasado y encima acabó en primera fila cantando con el grupo."
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