Se refiere a una gran cantidad de algo, generalmente en exceso.
En Andalucía se usa pechá para hablar de una cantidad exagerada de algo, normalmente comida, pero también de reír, trabajar o llorar. Es como decir que te has pasado tres pueblos y has acabado reventado. Suena muy de abuela andaluza echándote más comida aunque ya no puedas más, y la verdad es que tiene mucho arte.
En Málaga y en media Andalucía, una pechá es una hartá, o sea, una cantidad bestia de algo. Se usa mucho con de: una pechá de reír, de currar, de comer o de playa. Viene a ser como decir que te has pegado un atracón de eso, hasta acabar reventado. Y sí, suena graciosa.
En Tacna se usa para llamar a un amigo muy cercano, tu causa de confianza, el que te banca en todas y con el que no hace falta explicar mucho porque ya se entienden con una mirada. Es un vocativo bien de barrio para saludar o meterle cariño a la conversa. Si te dicen pecha, eres del team.
En Sevilla, una pechá es una hartá, una cantidad bestia de algo. Lo típico es pechá de reír, pechá de currar o pechá de andar, como cuando te pasas tres pueblos y acabas reventado. No va de monopolizar una charla, va de que te has metido una buena paliza o un atracón de lo que sea. Y suena a gloria.
En Andalucía, una pechá es una paliza de algo, normalmente de andar, currar o cargar, que te deja reventado. También se usa para decir que te has metido una buena cantidad de algo, como una pechá de reír o de comer. Vamos, que te has pasado y el cuerpo luego te lo recuerda con intereses.
En Granada y en media Andalucía, una pechá es una hartá, una buena cantidad de algo. Puede ser de comer, de currar, de andar o de fiesta, cuando te pegas el atracón y acabas reventado. Se usa mucho con de: pechá de reír, pechá de calor. Vamos, que te has pasado tres pueblos y lo notas.
Cuando algo es más grande de lo que uno puede aguantar, ya sea un jartón de comer, una pila de trabajo o una maratón de siestas.
En Andalucía, pechá es una forma muy de la calle de decir una gran cantidad o una buena tanda de algo. Puede ser una pechá de reír, de currar, de comer o de andar, y suele sonar a que ha sido intenso. No es solo siesta, es más bien un montón. Y sí, tiene un puntito exagerado que mola.
En Andalucía, pechá es una forma muy de la calle de decir una pechada, o sea, una cantidad enorme de algo, o una hartá que te cae encima. Se usa para comida, trabajo, calor, risas o lo que sea: una pechá de lo que te imagines. Suena exagerado y gracioso, y queda de lujo para quejarse o vacilar.