En Neuquén se usa patacón de forma medio en broma para hablar de las piernas de alguien, sobre todo cuando son llamativas, flacas, musculosas o simplemente dan tema para el chiste. Es de esas palabras que salen entre mates y risas, cuando los amigos se cargan sin mala leche. Suena raro si no sos de la zona, pero ahí entra con toda la naturalidad del mundo.
En Monagas se usa para hablar de un chamo medio loco, imprudente y aventurero, que se lanza a todo sin pensar mucho en las consecuencias. Es ese pana que siempre está metido en algún rollo raro, pero igual cae bien porque su energía es contagiosa. Eso sí, a veces provoca amarrarlo a una silla para que no haga otra locura.
En Tucumán, patacón no tiene nada que ver con la plata vieja, sino con un quilombo inesperado que se arma de golpe y te complica la vida. Es esa situación espinosa que te hace renegar, putear bajito y preguntarte por qué todo sale torcido justo cuando estabas tranquilo. Y hay que admitir que la palabra tiene su encanto dramático.
En Cuba, un patacón es un golpe dado con la mano abierta, casi siempre en la espalda o la nuca, para que alguien espabile, se calle o preste atención. No suele ser algo brutal, es más bien un sacudón cariñoso pero que pica y se recuerda. Es de esas cosas que duelen un poco, pero también hacen gracia después.