Se dice en plan irónico cuando algo es tan difícil que parece de película, como si hiciera falta un milagro para que salga bien. Sirve para hablar de tareas, planes o cambios de hábito que no hay manera de lograr, por más que lo intentes. Muy de tirar la toalla con humor, y sí, tiene su gracia.
Se usa cuando algo parece tan difícil que casi ni con milagro se logra, como tratar de que el taxi no te cobre de más o que el micro vaya vacío en hora punta. Es una forma dramática y medio burlona de decir que la tarea está casi perdida desde el inicio, aunque igual uno se lanza por si acaso.