Se dice cuando algo te da un gustazo brutal, como si te subieran directo al paraíso. En Monagas se suelta mucho con comida bien resuelta, de esas que te dejan callado y feliz. Una arepita con queso de telita o una empanada recién hecha y ya estás en el cielo, sin exagerar.
Se dice cuando alguien está feliz a más no poder, encantado o en plan extasiado, como si estuviera flotando. Es esa sensación de que todo te salió redondo y no te cabe más alegría en el cuerpo. No es literal, claro, pero suena bonito y queda perfecto para exagerar un buen momento.
Se dice cuando estás disfrutando a full, tan cómodo y feliz que parece que te subiste al paraíso un rato. Puede ser por algo simple, como un asado, una siesta o una buena noticia. No es nada místico, es puro placer terrenal. Y sí, suena medio dramático, pero funciona.