Se usa como sinónimo de envidia, pero en un tono positivo, como envidia sana. Se emplea entre amigos o familiares.

"¡Qué golica me das con esa cervecita bien fría!"

En Granada se dice cuando te entra un antojo fuerte, de los que no se piensan mucho. Puede ser por comida, por salir, por liarte a hacer planes o por lo que sea. Es ese impulso repentino que te pone en modo: lo quiero ya. Suena medio infantil, pero se usa un montón y tiene su puntito.

"Vi un reel de espetos y me entró una golica que flipas, así que avisa a la peña y nos plantamos en la playa esta tarde, aunque sea a la carrera."

Se dice cuando te entra un ataque de risa tonto e imparable, de esos que aparecen justo cuando no toca, en una misa, una reunión o en la mesa con la familia. Intentas ponerte serio, aprietas los labios, miras al suelo, pero cuanto más te aguantas, peor te da. Y claro, acabas haciendo el ridículo.

"En la comunión del crío, el cura hablando y a mi primo le dio la golica. Se atragantó con el refresco, se puso rojo y mi tía lo fulminó con la mirada."

Palabra muy de Sevilla para ese gustito tonto y calentito que te entra cuando pruebas algo que te lleva directo a la infancia. No es solo que esté rico, es el recuerdo pegado al sabor: la cocina de la abuela, el patio, la merienda y tú con la cara llena. Te da alegría y un pelín de nostalgia, vaya.

"Me comí un puchero como el de mi madre y me dio una golica que me quedé callao, con la cuchara en alto y los ojos brillando."

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