Expresión campechana para decir que alguien siempre anda metido en cosas turbias, con banda medio rara o en asuntos de los que mejor ni preguntar. El Mohán es una figura folclórica misteriosa y medio siniestra, así que si alguien está en su curso es porque trae una vibra bien sospechosa. No es precisamente un cumplido, pero sí suena sabroso.
Se dice de alguien que anda metido en planes raros, enredado en cosas inesperadas o haciendo vainas fuera de lo común, como si lo hubiera jalado el Mohán. La frase bebe del mito costeño de ese personaje travieso que embruja, confunde y arma desorden. Vamos, que la persona está en modo aventura loca y sin freno.
Se dice de alguien que, para explicar algo sencillo, se mete en un lío de vueltas, excusas y teorías rarísimas, como si siguiera un camino torcido marcado por el Mohán. Vamos, que en vez de ir al grano se pierde en su propia película y acaba justificándolo todo con historias imposibles. Tiene su puntito.
Dicho paisa para cuando alguien anda en la luna, enredado y saltando de tema como si tuviera mil pestañas abiertas en la cabeza. Empieza con una cosa y termina en otra que no tiene nada que ver. Se usa con cariño y un poquito de burla, porque esa gente vive perdida pero da risa.