Chuminga
Se usa para hablar de una charla larga y medio insoportable, llena de humo y poca sustancia. También puede apuntar a la persona que se manda ese verso, el típico que habla y habla pero no aterriza nunca. Ideal para cortar el chamuyo elegante sin quedar tan mala onda. Y sí, suele venir con gestito de ojos en blanco.
Pegarle al gomón
Se dice cuando te vas a dar una vuelta en gomón, normalmente por el canal Beagle, para pescar un rato o simplemente boludear con amigos. Es plan fueguino total: mate, viento que te despeina y alguna anécdota para volver agrandado. Si encima pica algo, ya te sentís campeón.
Tener las piernas de pingüino
Se dice cuando vas caminando raro, medio tieso y torpe, normalmente por el frío que te deja las piernas duras como palo. Entre el viento, el hielo y la vereda resbalosa, terminás avanzando a pasitos cortos, como pingüino apurado. No es insulto, es una forma graciosa de describir ese andar patoso del invierno fueguino.
Cortá el pasto
Se le dice a alguien cuando está chamuyando, tirando excusas raras o inventando una historia que no se la cree ni su abuela. Es como un basta de humo, dejá de venderme pescado podrido y decí la posta. Suena bien rioplatense y va perfecto para cortar el verso de una.
Hacer un caso
Se usa para decir que alguien le da demasiada importancia a algo, como si fuera un drama, cuando en realidad no da para tanto. Es hacerte la película, comerte la cabeza y ponerte intenso por una pavada. Muy de charla cotidiana, con tono medio de reto cariñoso.
Dar un abrazo frío
Se dice cuando saludas o te despides con un abrazo que, por el frío y el exceso de abrigo, sale medio desangelado: camperas, bufandas, guantes y cero piel. Es cariñoso igual, pero parece que te abrazó un oso con parka. Muy de lugares donde el viento te cachetea y te deja tieso.
Andar como relámpago
Se dice cuando alguien va a las chapas, caminando o haciendo cosas a toda velocidad, como si tuviera un cohete en el culo. Es una forma bien gráfica de marcar que está apuradísimo, nervioso o con mil cosas encima. No es que vaya iluminando la calle, pero casi. Ideal para cargarlo un poco sin mala onda.
Primaverear
Verbo bien fueguino para cuando asoma un solcito y salís corriendo a aprovecharlo como si fuera feriado nacional. Es disfrutar del aire, la luz y el buen humor exprés, sabiendo que en diez minutos te cae viento, nube y llovizna. Plan simple: mate, campera a mano y cero confianza en el pronóstico.
Pelear con el viento
Se dice cuando alguien se emperra en hacer algo inútil o imposible, como si el mundo estuviera en tu contra. Es pelearte con lo que no se puede controlar, gastar energía al pedo y terminar igual de frustrado. En Tierra del Fuego pega fuerte porque el viento manda y vos solo podés adaptarte. Y sí, da bronca.
Andar en la correntada
Se dice de alguien que anda medio perdido, confundido o que no caza una, como si la corriente lo llevara para cualquier lado. En Tierra del Fuego pega por la imagen del agua brava y el viento, pero se usa para cualquier situación cotidiana: desde no entender una consigna hasta estar en modo zombie un lunes. Tiene su encanto.
Está pa'l perro
Se dice cuando algo está hecho polvo, en muy mal estado o directamente salió como el culo. Puede ser una cosa, una situación o hasta uno mismo después de una noche larga. Es bien de hablarlo sin filtro, como diciendo que no hay por dónde agarrarlo. Dura, pero bastante gráfica.
Cacho frío
Se dice cuando hace un frío heavy, de ese que te corta la cara y te deja tieso en dos cuadras. Es muy de Tierra del Fuego, donde el viento no perdona y el invierno parece eterno. Sirve para quejarse con humor del clima y avisar que afuera está para pensarlo dos veces antes de salir.
Andar a los ponchazos
Se dice cuando vas tirando como podés, a los tumbos, improvisando y resolviendo sobre la marcha. Es ese modo supervivencia en el que todo sale medio de pedo, llegás raspando y siempre hay un quilombo nuevo. Muy de andar con lo justo, pero igual seguir, porque no queda otra.
Frío como pingüino en pelotas
Se dice cuando hace un frío bestial, de ese que te deja tieso y te corta la cara apenas salís. La gracia es imaginarte a un pingüino sin plumas, en bolas, pasando peor que vos. Sirve para exagerar el clima y quejarse con humor, muy de zona austral y ventosa.
Sacar la cara por alguien
Se dice cuando te plantás y defendés a alguien, sobre todo si lo están apretando, acusando o dejando mal parado. Es como decir: yo doy la cara por vos, no te dejo solo en esta. Muy de bancar al otro cuando se arma quilombo. Y sí, a veces te comés el garrón, pero queda de diez.
Armar un despelote
Se dice cuando armás un lío bárbaro y todo se va al carajo: gritos, gente entrando y saliendo, cosas volando y cero control. Sirve para una fiesta que se desmadra, una discusión que escala o cualquier situación que termina en caos total. Es bien rioplatense y tiene ese gustito a quilombo inevitable.
Tener la mente en las nubes
Se dice de alguien que está distraído, colgado o en su mundo, como si estuviera mirando al techo en vez de prestar atención. Vamos, que no registra lo que pasa alrededor y se le escapan cosas obvias. No es necesariamente mala onda, a veces es puro despiste, pero puede sacar de quicio si estás esperando que reaccione.
Mandarse una cagada
Se dice cuando alguien mete la pata a lo grande, pero a lo grande de verdad. Es un error gordo, una pifiada que te deja pagando y con ganas de desaparecer un rato. Muy rioplatense, bien de charla entre amigos, y suele venir con reto, risa y un: ¿cómo hiciste para mandarte esa?
Esquivar el mal tiempo
Se dice cuando alguien logra sacar adelante un plan o una tarea aunque todo esté en contra: lluvia, viento, mala suerte o el típico quilombo de último minuto. En Tierra del Fuego pega fuerte porque el clima cambia en un pestañeo y te arruina cualquier idea. Es como decir que zafaste y encima te salió redondo.
Lavacoches de viento
Dicho en broma cuando se larga una lluvia con viento que te sacude el auto como si lo metieras al lavadero. No es que quede impecable, pero entre el agua y las ráfagas te zafa la mugre de encima. Se usa para reírse del clima bravo fueguino y de la resignación de siempre.
Estar en modo pingüino
Se dice cuando alguien va exageradamente abrigado, como si estuviera por cruzar la Antártida, aunque afuera no haga tanto frío. Es para cargarlo un poco, en plan: dale, aflojá con la campera que todavía no estamos en pleno invierno. Muy de gente friolenta que vive en modo supervivencia todo el año.
Estar en la última esquina
Se dice cuando algo queda lejísimos, en la punta del mapa, como si fuera donde el diablo perdió el poncho. Sirve para quejarse de un lugar remoto, incómodo o al que llegás después de mil vueltas. Muy de charla cotidiana, con ese toque de exageración que te hace pensar: ¿no había un lugar más cerca?
Estar en modo pingüino
Se dice cuando alguien va tan abrigado que parece un pingüino: campera gigante, bufanda hasta la nariz y cero piel al aire. Es la típica pinta de supervivencia fueguina cuando el viento te cachetea y el frío no perdona. No es insulto, es casi un elogio: vas listo para la Antártida sin drama.
Peludo como oveja
Se dice de alguien que va tan abrigado que parece una oveja recién esquilada al revés, todo lana y capas. No es que tenga pelo de verdad, es que se puso campera, polar, bufanda y lo que encontró. Muy de clima bravo, cuando el viento te cachetea y el cuerpo pide supervivencia.
Manejar de herrero
Se dice cuando alguien maneja como un animal, a los tirones, frenando de golpe y doblando como si el volante fuera un martillo. Vamos, que conduce brusco y sin ninguna fineza, como si estuviera en la herrería dándole a los fierros. Ideal para bardear al amigo que te deja mareado y rezando en cada esquina.
Mandarse una fueguina
Se dice cuando te embalás con algo y te vas al carajo: arrancás con una boludez y terminás haciendo una obra. Es ese entusiasmo fueguino de fin del mundo que te hace pasarte de rosca y después preguntarte en qué momento se te fue la mano. Va con humor y un poquito de orgullo, obvio.
Pegarse un porrazo
Se dice cuando alguien se pega un golpe fuerte, normalmente por una caída tonta pero dolorosa. Vale para resbalones, tropezones y aterrizajes poco elegantes en general. En Tierra del Fuego encaja perfecto porque entre hielo, escarcha y veredas traicioneras, el porrazo es casi deporte de invierno. Duele, pero contado da risa.
Estar en la pacha
Se dice cuando alguien está en modo relax total, sin apuro ni drama, como viviendo en su nube pero con buena vibra. Es estar tranqui, disfrutando el momento y dejando que el mundo ruede solo. Muy de mate, charla lenta y cero estrés. Si te apuran, vos seguís en la pacha igual.
Estar calafateando
Se dice cuando estás hecho polvo y te pasas el día recuperándote, casi siempre por una resaca de las que te dejan viendo pingüinos. Viene de calafatear barcos, que es tapar y arreglar las junturas para que no entre agua. Vamos, que tú eres el barco y la cama es el astillero.
Hacerse el esquimal
Se dice cuando alguien se hace el boludo y finge no enterarse de algo que es más obvio que un cartel luminoso. Vamos, que se hace el distraído para zafar de una responsabilidad o para que no lo enganchen. Tiene ese toque de humor de imaginarlo en su mundo, como si estuviera en la nieve y no escuchara a nadie.
Tener la blanca
Se dice cuando alguien anda con una suerte bárbara, de esas que no te explicás. Te sale todo redondo, encontrás plata tirada, te ligás un favor o zafás de una multa de puro ojete. Es como llevar un amuleto invisible en el bolsillo. Ojo, dura lo que dura, así que aprovechala mientras pinta.
Irreal
Se usa para decir que algo es tan increíble, raro o impresionante que parece mentira, como si fuera de otro planeta. Vale para paisajes, momentos o situaciones que te dejan con la boca abierta y sin palabras. En Tierra del Fuego pega un montón con auroras, viento bestia y esas postales que parecen filtro, pero son reales.
Estar hecho un pingüino
Se dice cuando alguien está cagado de frío y va todo encogido, tieso y con cara de no sentir ni la nariz. Suele venir con mil capas encima, como si se hubiera puesto el placard entero. En Tierra del Fuego pega fuerte, así que la frase sale sola. Y sí, da risa verlo.
Aventurado
Se dice con ironía de la persona que se hace la valiente y sale a la calle sin abrigo en pleno frío fueguino, como si estuviera de vacaciones en el Caribe. No es exactamente un elogio, más bien un palito cariñoso para el que subestima el clima y después anda tiritando. Acá el viento no perdona.
Venirse de pingüino
Se dice cuando te abrigás a lo bestia porque hace un frío que te deja tieso. Te ponés tantas capas que parecés un pingüino caminando torpe, todo acolchado y con la cara medio tapada. Muy de lugares donde el viento te cachetea sin pedir permiso. Y sí, queda ridículo, pero se sobrevive.
Andar con moneda
Se dice cuando alguien anda con plata, como que de golpe le empezó a ir bien y se le nota en el bolsillo. Suele tirarse con un toque de sorpresa o de envidia sana, sobre todo en lugares chicos donde todo se sabe. Vamos, que el tipo está dulce y no lo disimula mucho.
Incluir al asado
Se dice cuando en un plan de juntada decidís sumar a alguien al grupo, sobre todo si hay asado, birra y buena onda de por medio. Es como decir no lo dejen afuera, invítenlo que después se pudre. En el sur pinta mucho esa idea de camaradería, porque nadie quiere quedarse mirando desde la ventana.
Milagrito fueguino
Se dice cuando alguien intenta hacer algo al aire libre en Tierra del Fuego y, contra todo pronóstico, le sale bien. Es como un mini milagro: el viento te cachetea, el frío te corta la cara y aun así levantás la carpa, prendés el fuego o terminás el laburo sin putear demasiado. Solo un fueguino entiende esa épica.
Choripán polar
Forma divertida de llamar al choripán de siempre cuando te lo comés en un frío que te corta la cara, con viento, nieve o ventisca. No es que sea otra receta, es el mismo chori, pero en modo supervivencia patagónica. Se usa para exagerar lo valiente o lo terco que sos por hacer asado igual. Y sí, tiene su épica.
Andar a la pesca del viento
Se dice cuando alguien va sin plan, dando vueltas y tirando manotazos a ver si algo sale. Es como intentar pescar viento: imposible, pero ahí sigue, improvisando y perdiendo el tiempo. También vale para proyectos medio humo, cuando no hay nada armado y todo depende de la suerte y la chamuyada.
Andar con la vela al palo
Se dice de alguien que va acelerado, con la energía por las nubes y cero ganas de quedarse quieto. Como si tuviera el motor prendido todo el día y estuviera listo para salir disparado a cualquier plan. Suena bien marinera, y queda perfecta para el que anda manija y no afloja ni un segundo.
Mandar al baúl
Se dice cuando querés dejar algo o a alguien en el olvido, como guardarlo en un baúl y no abrirlo nunca más. Puede ser una idea, un plan, una relación o un drama que ya te cansó. Es medio tajante, pero re gráfico: lo mandaste al fondo y listo, a otra cosa.
Pluma
En Tierra del Fuego, pluma se usa como forma medio fina de decir bolígrafo, como si escribir fuera un acto artístico aunque estés con la campera hasta la nariz. También puede sonar a que alguien escribe con estilo, con letra linda y un toque de poeta. No es lo más común, pero queda pintón y tiene su encanto.
Hace un frío que pela
Se suelta cuando hace un frío brutal, de ese que te corta la cara y te deja tieso aunque vayas bien abrigado. La idea es que el frío “pela”, como si te arrancara la piel. Se usa para quejarse, avisar o meter dramatismo antes de salir. Y sí, en el sur pega distinto.
Frío polar
Se dice cuando hace un frío que te deja tieso, de ese que con el viento te corta la cara y te dan ganas de hibernar. En Tierra del Fuego es casi un estado de ánimo y también la excusa perfecta para cancelar planes sin culpa. Si lo sueltas, la gente entiende que hoy toca mate y refugio.
¡Andá a freír churros!
Expresión bien argentina para mandar a alguien bien lejos cuando está molestando, diciendo pavadas o insistiendo con algo que ya cansó. Es como decir que se vaya a hacer algo inútil, preferentemente en un lugar frío y poco agradable. Suena graciosa, pero lleva su buena dosis de fastidio y conviene usarla con confianza.
Colgar la memoria
Se dice cuando te olvidás de algo que tenías clarísimo hace dos segundos, como si el cerebro se te hubiera tildado y quedara en blanco. Es un olvido medio bobo pero re común, de esos que te hacen putear bajito cuando ya es tarde. Muy de andar a mil y que la cabeza no acompañe.
Está de verga en popa
Se dice cuando algo va genial, mejor de lo esperado, como “viento en popa” pero con un toque bien bruto y de chiste. Es una forma de celebrar que todo está saliendo redondo, que hay laburo, plata o suerte y no se te cae nada. Vulgar, sí, pero en confianza tiene su gracia.
Más perdido que pingüino en el Sahara
Se dice cuando alguien está totalmente desorientado, no entiende nada o está fuera de lugar. Es una comparación exagerada y muy visual: un pingüino en pleno Sahara no pega ni con cola. En Tierra del Fuego, con tanto frío y bichos por todos lados, la imagen da más risa todavía. Ideal para reírse sin mala leche.