Se dice cuando algo queda lejísimos, en la punta del mapa, como si fuera donde el diablo perdió el poncho. Sirve para quejarse de un lugar remoto, incómodo o al que llegás después de mil vueltas. Muy de charla cotidiana, con ese toque de exageración que te hace pensar: ¿no había un lugar más cerca?
"¿En serio la juntada es allá? Eso está en la última esquina, boludo. Salgo ya con campera, termo y unas facturas, porque vuelvo mañana."