Se dice cuando te embalás con algo y te vas al carajo: arrancás con una boludez y terminás haciendo una obra. Es ese entusiasmo fueguino de fin del mundo que te hace pasarte de rosca y después preguntarte en qué momento se te fue la mano. Va con humor y un poquito de orgullo, obvio.
"Che, iba a ordenar el placard y terminé armando estantes, tirando ropa y reorganizando toda la pieza. Me mandé una fueguina mal."