Se dice cuando alguien se pega un golpe fuerte, normalmente por una caída tonta pero dolorosa. Vale para resbalones, tropezones y aterrizajes poco elegantes en general. En Tierra del Fuego encaja perfecto porque entre hielo, escarcha y veredas traicioneras, el porrazo es casi deporte de invierno. Duele, pero contado da risa.
"Salí apurado, pisé una placa de hielo y me pegué un porrazo que el vecino me aplaudió desde la ventana. Encima se me volaron las llaves y quedé re papelón."