Se usa para decir que una fiesta, un plan o cualquier situación estuvo tan brutal que parece mentira, como si fuera un sueño o una peli. Es un elogio bien de calle, tipo: no me creo lo que acabo de vivir. Ojo, no es “raro” ni “malo”, es más bien “demasiado bueno”.
Se usa para decir que algo es tan increíble, raro o impresionante que parece mentira, como si fuera de otro planeta. Vale para paisajes, momentos o situaciones que te dejan con la boca abierta y sin palabras. En Tierra del Fuego pega un montón con auroras, viento bestia y esas postales que parecen filtro, pero son reales.