Se dice cuando te abrigás a lo bestia porque hace un frío que te deja tieso. Te ponés tantas capas que parecés un pingüino caminando torpe, todo acolchado y con la cara medio tapada. Muy de lugares donde el viento te cachetea sin pedir permiso. Y sí, queda ridículo, pero se sobrevive.
"Salí a comprar pan y el viento me pegó un sopapo, así que me vine de pingüino: gorro, bufanda hasta la nariz y dos camperas encima."