Se usa para decir que alguien está hecho un desastre, todo desarreglado, ojeroso, con la ropa hecha pelota y cara de no haber dormido nada. También puede ser que está muy deteriorado por la edad o el cansancio. Es esa pinta de decir mejor ni me mires, porque estoy hecho un bagayo mal, pero con un toque de humor.
Se dice cuando alguien está hecho polvo y se le nota en la cara y en la pinta: despeinado, ojeroso, con la ropa medio cualquiera, como si lo hubiera revolcado la vida. En el norte argentino se usa para marcar que alguien está reventado o venido a menos por cansancio, resaca o mala noche. Suena fuertecito, pero es bien de calle.